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«Tesoros de la Fe» Nº 238

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150 años de la Comuna de París

La “Masacre de la calle Haxo”. 49 rehenes, incluyendo a diez religiosos, fueron masacrados por los “communards”, los activistas ateos y anticlericales de la Comuna de París.

Persecución religiosa, un aspecto olvidado de un episodio mitificado por ciertas izquierdas. Francia, “una nación dividida por un surco de sangre”.

Gustavo Solimeo

El sábado 29 de mayo pasado, las parroquias católicas del 20º distrito de París organizaron una peregrinación para honrar la memoria del arzobispo Georges Darboy (foto) y de otros sacerdotes y religiosos asesinados por miembros de la Comuna de París en 1871. El episodio es conocido como la “Masacre de la calle Haxo”. Unos 300 fieles, sacerdotes y religiosos participaron en la procesión, encabezada por el obispo auxiliar Mons. Denis Jachiet.

La procesión debía recorrer cuatro kilómetros hasta la parroquia de Notre-Dame des Otages (Nuestra Señora de los Rehenes), el mismo lugar en el que, 150 años antes, 49 rehenes, entre ellos 10 religiosos, fueron masacrados por los “communards”, los activistas ateos y anticlericales de la Comuna de París. Ni bien comenzó la procesión, algunos transeúntes y personas sentadas en las mesas de los cafés al aire libre comenzaron a abuchear e insultar a los fieles.

A pesar de ello, la procesión continuó imperturbable. Cien metros más adelante, al encontrarse con agitadores partidarios de la Comuna en las inmediaciones del cementerio Père Lachaise, la tensión aumentó. Estos últimos acababan de participar en una manifestación de izquierda en homenaje a los que ellos llaman “mártires de la Comuna”, esto es, a los revolucionarios muertos en la sangrienta represión que efectuó el gobierno provisional. Portando banderas rojas, intentaron sofocar los cánticos religiosos de los fieles con consignas amenazantes como “¡Abajo el clero!” y “¡Muerte a los fascistas!”.

A medida que avanzaba, la procesión fue interrumpida de nuevo por la llegada de un grupo de unos veinte jóvenes encapuchados que gritaban consignas “antifas”.

Estos activistas pasaron rápidamente de las provocaciones con insultos y amenazas a la agresión física, lanzando botellas y otros proyectiles a los participantes de la procesión católica y golpeando a algunos de ellos. Muchos resultaron heridos y fueron atendidos por el personal médico de la Orden de Malta. Un sexagenario, gravemente herido en la cabeza, fue hospitalizado.

Portando banderas rojas, manifestantes de izquierda intentaron sofocar los cánticos religiosos de los fieles con consignas amenazantes como “¡Abajo el clero!” y “¡Muerte a los fascistas!”.

Los contados agentes de seguridad ofrecidos por la diócesis y la Orden de Malta fueron rápidamente superados en número. Los dos únicos policías enviados por el ayuntamiento pidieron refuerzos e intentaron intervenir con bombas lacrimógenas para alejar a los agresores de los fieles.

Para evitar lo peor, los fieles dieron por terminada la procesión y se refugiaron en la iglesia más cercana, Nuestra Señora de la Cruz, donde esperaron en oración hasta que la policía los liberó.1

Antagonismo metafísico y teológico, no meramente político

Sectores de la intelligentsia laicista pretendieron atribuir un carácter político a la procesión católica. Afirmaron que los católicos tradicionalistas, “vinculados a la extrema derecha”, aprovecharon el 150º aniversario de la Comuna de París para realizar una manifestación política al amparo de un acto religioso.2

Unos 300 fieles, sacerdotes y religiosos participaron en la procesión, encabezada por el obispo auxiliar de París, Mons. Denis Jachiet.

Nada más equivocado. La peregrinación a los lugares vinculados al martirio de sacerdotes y religiosos durante la Comuna de París de 1871 fue promovida por las parroquias regulares de la arquidiócesis de París, sin ninguna participación de entidades relacionadas con los llamados círculos católicos “tradicionalistas”. Además, tenía una finalidad esencialmente religiosa: honrar a los mártires para fomentar su devoción y promover la causa de sus respectivas beatificaciones.3

En realidad, el antagonismo entre ambos grupos es mucho más profundo que un simple desacuerdo político. Surge de dos visiones opuestas del hombre y del universo. Una, heredada de la Edad Media, conserva restos de una visión jerárquica y sacral del mundo. La otra, nacida de la Revolución Francesa, es una visión igualitaria y secularista.

Una nación dividida por un surco de sangre

Dos “Francias” —opuestas e irreconciliables— surgieron del conflicto entre estas dos visiones del mundo incompatibles. En la elocuente expresión de Churchill, Francia se convirtió en una nación dividida por un surco de sangre, la sangre derramada en la Revolución Francesa.4

Lejos de desaparecer, este surco se profundizó durante los 72 días de la Comuna de París —un rebrote de la Revolución Francesa—, cuando miles de civiles y decenas de sacerdotes fueron masacrados, especialmente durante la “Semana Sangrienta” (del 21 al 28 de mayo). De ahí las dos conmemoraciones opuestas.

La Comuna de París es la heredera directa de los principios igualitarios y libertarios de la “Gran Revolución”. Barricada de la Chaussée Ménilmontant, 18 de marzo de 1871.

Herederos de la Revolución Francesa

La Comuna de París es la heredera directa de los principios igualitarios y libertarios de la “Gran Revolución”. Sus partidarios pretendían completar la obra iniciada en 1789, interrumpida por el golpe militar que dio lugar al régimen napoleónico y todo cuanto vino después.

Los “communards” de 1871 están vinculados a los jacobinos del siglo XVIII no solo por sus doctrinas y su programa: el propio nombre de la Comuna hace referencia al gobierno insurreccional de París (Commune) que puso fin a la monarquía francesa el 10 de agosto de 1792.

Los principios revolucionarios permanecieron en las venas de la nación como gérmenes incubados, que provocaban estallidos espasmódicos. Así, después de Napoleón Bonaparte, la Revolución Liberal de 1830 puso fin a la Restauración Borbónica, que intentó sin éxito reconectar a la Francia post-revolucionaria con el Antiguo Régimen. Más tarde, la Revolución de 1848 provocó el derrocamiento de la “Monarquía de Julio” y condujo al Segundo Imperio de Napoleón III. El conflicto estalló de nuevo con la caída de este régimen en 1871 y reapareció, tras un largo periodo de letargo, en la Revolución de Mayo de 1968. Con su lema “défense d’interdire” (“está prohibido prohibir”), este último inauguró la era actual del libertinaje político, social y moral.

Ciudad descristianizada, foco de grupos revolucionarios

En realidad, un prolongado deterioro religioso y moral en la capital francesa precedió a la Comuna de París. En aquella época, 1871, París ya era una ciudad descristianizada. Apenas el 15% de su población, calculada en 1,8 millones de almas, practicaba regularmente la religión.5

La “Ciudad de las Luces” se había convertido en una incubadora de grupos y movimientos revolucionarios de todos los matices. Allí pululan sociedades secretas y clubes de anarquistas, comunistas, socialistas, blanquistas (socialistas revolucionarios), anarco-sindicalistas, republicanos anticlericales y laicistas.

La creciente multitud de obreros en la capital fue objeto de adoctrinamiento y propaganda por parte de estos agentes revolucionarios.

Proclamación de la Comuna de París

Mariscal Mac-Mahon, Horace Vernet, 1860 – Óleo sobre lienzo, Palacio de Versalles

A comienzos de setiembre de 1870, los prusianos derrotaron a la Francia de Napoleón III en la batalla de Sedán. Es proclamada la República, invadida la mitad norte del país y asediada su capital. Los parisinos tuvieron entonces que soportar largos meses de hambre y frío. En estas dramáticas condiciones, la población estaba dividida entre los que querían un armisticio y los que estaban decididos a resistir y luchar a toda costa.

En enero de 1871, el gobierno provisional, dirigido por el historiador y político liberal Adolphe Thiers, concertó un armisticio con Bismarck. Esta capitulación condujo al humillante desfile de los alemanes en París.

Anticipando una insurrección, el gobierno provisional y las tropas regulares francesas se retiran a Versalles, dejando la capital a merced de los grupos de izquierda, bien organizados y dispuestos a tomar el poder.

La Guardia Nacional, que contaba con 180.000 hombres, se niega a aceptar la derrota y jura continuar la lucha. El 18 de marzo, el intento del gobierno de Thiers de tomar por la fuerza los 200 cañones de la Guardia conduce a una insurrección que desemboca en la proclamación oficial de la Comuna de París el 28 de marzo.

Se produce una breve pero cruel guerra civil que enfrenta a los “communards” (también llamados federados) con los versalleses leales al gobierno provisional de Thiers.

Represión sangrienta

El 21 de mayo, el general Mac-Mahon consigue entrar en París, superando más de 500 barricadas levantadas en todos los distritos. La ciudad es invadida, los barrios caen uno tras otro. Las masacres se multiplican, los monumentos son quemados o destruidos, entre ellos el Hôtel de Ville (Ayuntamiento de París), el Palacio de las Tullerías y la columna de la plaza Vendôme, que celebraba las victorias de Napoleón I. El 28 de mayo de 1871, la última resistencia fue aplastada, dejando entre 8.000 y 20.000 muertos.

Unos 40.000 revolucionarios son hechos prisioneros y la mayoría de ellos son juzgados por consejos de guerra. Muchos son condenados a prisión o deportados a Argelia o Nueva Caledonia, así como a trabajos forzados; algunos cientos reciben la pena de muerte.

Fue la llamada “Semana Sangrienta” (del 21 al 28 de mayo), que marcó el fin de la Comuna.

Las medidas revolucionarias y los Comités de Salut Publique

En el corto espacio de 72 días, durante 57 sesiones, la Comuna de París estableció una serie de medidas revolucionarias, mostrando claramente cuál habría sido el destino de Francia si aquel régimen dictatorial hubiera perdurado. Por falta de tiempo, los “communards” aplicaron tan solo algunas de las medidas promulgadas. Sin embargo, más tarde, bajo la Tercera República, se pusieron en práctica aquellos principios radicales.

Desde un comienzo, crearon comités de vigilancia vecinal —un resurgimiento de los sangrientos Comités de Salut Publique de la Revolución Francesa— controlados por un Comité Central compuesto por revolucionarios de diversas corrientes de extrema izquierda.

Importantes monumentos son quemados o destruidos, entre ellos el Hôtel de Ville (la Municipalidad de París)

El Concordato de 1801 fue anulado unilateralmente y se decretó la separación de la Iglesia y el Estado; los bienes de la Iglesia fueron confiscados y pasaron a ser propiedad del Estado; se estableció la educación gratuita, laica y obligatoria, con la supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas. En algunos distritos, se permitió a las iglesias continuar con la actividad religiosa durante el día, pero tuvieron que abrir sus puertas por la noche para celebrar reuniones políticas. Esto convirtió a las iglesias en los principales centros políticos de la Comuna.

Una medida simbólica fue adoptar la bandera roja en lugar de la tricolor y restablecer el calendario de la Primera República Francesa, descartado hacía tiempo.

Un acontecimiento simbólico mitificado

Anarquistas, socialistas, comunistas y otros revolucionarios desde un principio elogiaron la Comuna de París en verso y en prosa, y la celebraron continuamente. Se convirtió en lugar común en los discursos y escritos de los líderes comunistas.

En 1966, Mao asoció el nombre de la Comuna a su Revolución Cultural, refiriéndose a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto con Marx, consideraba la Comuna como un verdadero ejemplo de la dictadura del proletariado. Aquel líder bolchevique quería que su cuerpo fuera enterrado envuelto en los restos de una bandera roja rescatada de la Comuna.6 La nave espacial rusa Vosjod 1 llevó al espacio un trozo de una bandera de la Comuna de París. Asimismo, para honrar a la Comuna, los bolcheviques cambiaron el nombre del acorazado Sebastopol por el de “Parizhskaya Kommuna”.7

En la noche del 24 de mayo, los federados fueron a la prisión de La Grande Roquette en busca del arzobispo Georges Darboy, el padre Gaspard Deguerry y tres jesuitas, y los ejecutaron sumariamente en un estrecho pasillo de la prisión.

El lirismo revolucionario, sin embargo, omite un aspecto de este acontecimiento simbólico: la persecución de la Iglesia.

Persecución de la Iglesia Católica

La persecución de la Iglesia y la masacre de sacerdotes y religiosos no fue obra de un puñado de desadaptados, ni el resultado de un mero “accidente”. Más bien fue la consecuencia inevitable del choque de las dos visiones antagónicas del hombre y del universo mencionadas anteriormente.

El 26 de marzo, tres semanas después del establecimiento de la Comuna, comenzó una violenta persecución contra el clero parisino, que ya era objeto de medidas humillantes. Los religiosos fueron acusados de “complicidad con los opresores feudales, capitalistas, bonapartistas o versalleses”.

A principios de abril, los sacerdotes que querían seguir ejerciendo su ministerio (cada vez más clandestino) tuvieron que abandonar la sotana y vestirse de civil. Las monjas, incluidas las Hijas de la Caridad, relativamente protegidas porque su institución había sido reconocida como de interés público, también tuvieron que abandonar su hábito. Con el corazón compungido, el clero aceptó estas exigencias para continuar con sus actividades y protegerse de los insultos y la violencia.8

Un decreto del 5 de abril de 1871 dispuso que “todas las personas acusadas de complicidad con el gobierno de Versalles serán rehenes del pueblo de París”. El mismo decreto especificaba además que “cada ejecución de un prisionero de guerra o de un partidario de la Comuna de París será seguida inmediatamente por la ejecución de un número de rehenes tres veces mayor… y serán designados por sorteo”.9

Coincidiendo con la Semana Santa, comenzó una “cacería de sotanas”: uno tras otro, 200 sacerdotes fueron encarcelados. Todos —incluyendo al arzobispo de París, Georges Darboy— fueron tomados como rehenes en virtud del decreto mencionado. Los “communards” ofrecen al presidente Adolphe Thiers liberarlos a cambio del revolucionario Louis Auguste Blanqui, encarcelado en un fuerte de Bretaña. Thiers se negó rotundamente.

Barthélemy Saint-Hilaire, resumiendo la opinión del gobierno, respondió a los que expresaban su preocupación por la negativa de Versalles a intercambiar 74 rehenes, incluido el arzobispo, por el líder revolucionario Blanqui: “¿Los rehenes? ¡Tanto peor para ellos! Políticamente, su muerte será un buen negocio”.10

El 4 de abril, los federados visitaron la casa de la Compañía de Jesús en la calle de Sèvres. Los padres Olivaint y Caubert, que se apresuraron a colocar una hostia consagrada bajo sus ropas, fueron llevados juntos a Mazas, una prisión donde ya había otros sacerdotes. Se les prohibió celebrar misa y ver o comunicarse con los demás. El 22 de mayo, la mayoría de los presos fueron trasladados a La Grande Roquette, una prisión para los condenados a muerte. Dos heroicas mujeres consiguieron pasar hostias consagradas a los sacerdotes jesuitas justo antes de que salieran de aquella prisión.11

En la oscura noche del 24 de mayo, los federados fueron en busca del arzobispo Georges Darboy, el padre Gaspard Deguerry y tres jesuitas, y los ejecutaron sumariamente en un estrecho pasillo de la prisión.

Manifestantes partidarios de la Comuna, desfilaron el 29 de mayo de 2021 por las calles de la capital francesa con banderas rojas, en el 150 aniversario de la Comuna de París

El 26 de mayo, diez sacerdotes fueron elegidos entre los rehenes. A los sacerdotes se unieron cuatro civiles y un grupo de 35 guardias nacionales. La triste procesión salió de la prisión hacia el 20º distrito, a pocos kilómetros de distancia, bajo insultos y amenazas: “¡Muerte a los curas! ¡Muerte a los gendarmes!”.

A medida que avanzaba la marcha, la multitud se volvía más compacta y sobreexcitada. En un momento dado, una banda de música comenzó a dirigir la procesión, que se dirigió hacia la calle Haxo, donde estaban atrincherados los líderes de la Comuna de París. Alrededor de las cinco de la tarde, por orden de sus líderes, hombres y mujeres atacaron a los rehenes con rifles, revólveres, sables y bayonetas. Se ensañaron con especial virulencia con el padre Polycarpe Tuffier, un viejo sacerdote de los Sagrados Corazones, que respondió con una bendición. La gran masacre duró quince minutos.

Para ocultar su crimen, los federados arrojaron los cuerpos a un pozo. El lunes de Pentecostés, tras conocer el lugar donde tuvo lugar la masacre, algunos familiares encontraron sus cuerpos y los devolvieron a su congregación, parroquia o familia.

Poco después, estos sacerdotes asesinados “in odium fidei” (por odio a la fe) durante la Comuna de París fueron proclamados mártires por la vox populi. Más tarde, una iglesia construida en el lugar de su martirio fue apropiadamente dedicada a Nuestra Señora de los Rehenes. Esta iglesia era el destino final de los fieles parisinos en su peregrinación del sábado 29 de mayo de 2021, si la violencia revolucionaria no les hubiera impedido llegar a ella.

Este episodio demuestra que, por desgracia, Francia sigue siendo una nación dividida por un surco de sangre y no encontrará la unidad ni la armonía hasta que esa sangre se convierta en semilla de los cristianos. Tampoco retomará el gran papel que la Providencia le ha destinado como “fille aînée de l’Église” – “hija primogénita de la Iglesia”.

 

Notas.-

1. Edna, A procession in memory of the Catholic martyrs of the Municipality attacked by antifas, News in 24 in https://news.in-24.com/news/39710.html; Elisabeth Pierson, Paris: une procession en mémoire des martyrs catholiques de la Commune attaquée par des antifas, Le Figaro in https://www.lefigaro.fr/paris-une-procession-en-memoire-des-martyrs-catholiques-de-la-commune-attaquee-par-des-antifas-20210530; Paris: une procession catholique violemment attaquée par des antifas, Famille Chretienne in https://www.famillechretienne.fr/36589/article/paris-une-procession-catholique-violemment-attaquee-par-des-antifas; Cécile Chambraud, Débat chez les catholiques autour de la commémoration de prêtres tués par les communards, Le Monde in https://www.lemonde.fr/societe/article/2021/06/07/debat-chez-les-catholiques-autour-de-la-commemoration-de-pretres-tues-par-les-communards_6083191_3224.html.

2. Théo Moy, La marche pour les prêtres tués lors de la Commune de Paris était-elle une provocation?, Marianne in https://www.marianne.net/societe/laicite-et-religions/la-marche-pour-les-pretres-tues-lors-de-la-commune-de-paris-etait-elle-une-provocation.

3. Catholic News Agency (CNA), Paris archbishop laments attack on Catholics honoring city’s martyrs in https://www.catholicnewsagency.com/news/247843/paris-archbishop-laments-attack-on-catholics-honoring-citys-martyrs; Théo Moy, op. cit.; Edna, op. cit.

4. Citado por Plinio Corrêa de Oliveira, Minha Vida Pública, Parte VII in https://www.pliniocorreadeoliveira.info/Minha_Vida_publica/MVP_10_Viagens_de_1950_1952_Europa.htm#_Toc451114412.

5. Baskulture, La Commune de Paris et l’assassinat de Mgr Darboy in https://www.baskulture.com/article/la-commune-de-paris-et-lassassinat-de-mgr-darboy-3823.

6. Hugh Schofield, Paris Commune: The revolt dividing France 150 years on, BBC News in https://www.bbc.com/news/world-europe-56426710; Fideus, Comuna de París in https://www.fideus.com/esdeveniments%20-%20comuna%20de%20paris.htm.

7. Fideus, ibid.

8. Anne Bernet, Ces prêtres victimes de l’anticléricalisme des Communards… et des Versaillais, Aleteia in https://fr.aleteia.org/2021/05/24/en-1871-ainsi-moururent-les-premiers-pretres-victimes-de-lanticlericalisme-des-communards-et-des-versaillais/.

9. Solène Tadié, Remembering the Catholic Martyrs of the Commune of Paris, National Catholic Register in https://www.ncregister.com/news/remembering-the-catholic-martyrs-of-the-commune-of-paris.

10. Anne Bernet, ibid.

11. Noémie Bertin, Prêtres emprisonnés, moines fusillés… Les martyrs oubliés de la Commune de Paris, Famille Chrétienne in https://www.famillechretienne.fr/36519/article/pretres-emprisonnes-moines-fusilles-les-martyrs-oublies-de-la-commune-de-paris.



  




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