El Perú necesita de Fátima La verdadera penitencia que Nuestro Señor ahora quiere y exige, consiste, sobre todo, en el sacrificio que cada uno tiene que imponerse para cumplir con sus propios deberes.
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El tercer secreto


Mons. José Alves Correia da Silva, obispo de Leiría

Este es el texto escrito por la hermana  Lucía en enero de 1941 y revelado finalmente por la Santa Sede, el 26 de junio del año 2000:

“Escribo en acto de obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiría y de la Santísima Madre Vuestra y mía.

Después de las dos partes que ya expuse, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; al centellear, despedía llamas que parecía que iban a incendiar el mundo, pero se apagaban al contacto con el resplandor que de la mano derecha irradiaba Nuestra Señora hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, con voz fuerte dijo: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!

Y vimos en una inmensa luz que es Dios: [algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él] a un obispo vestido de blanco [tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre]. A varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña escabrosa, en cuya cima había una gran cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar ahí, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas; y así mismo fueron muriendo unos tras otros los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y varias personas seglares, caballeros y damas de varias clases y posiciones”.

La escena descrita por la hermana Lucía es la de un martirio que comprende a un Papa, a miembros de diferentes categorías del clero, religiosos y también de todas las categorías de la sociedad temporal. Los disparos hechos por soldados dan la idea de una guerra. ¿Por qué “tiros y flechas”?

Facsímil del manuscrito original escrito por la hermana Lucía en 1944

“Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno con una jarra de cristal en la mano, en ellas recogían la sangre de los Mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios”.

¡Parece ser claramente el efecto reparador de un gran martirio, que obtiene de Dios gracias especiales de conversión para los que iniciarán la era abierta por el triunfo del Inmaculado Corazón de María!     


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