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«Tesoros de la Fe» Nº 105 > Tema “Apologética”

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¿Por qué somos católicos?


En nuestra edición de julio pasado, mostramos la superioridad de la religión fundada por Jesucristo. El mismo autor* prosigue ahora enumerando las razones que nos llevan a seguir al catolicismo


Somos y permaneceremos siendo católicos, porque el catolicismo se impone a nuestra razón por el encadenamiento de cinco verdades irrefutables:

1. Todo hombre razonable debe creer en Dios, Creador del mundo.

2. Todo hombre que cree en Dios, debe creer en la inmortalidad del alma, destinada a glorificar a su Creador.

3. Todo hombre que cree en Dios y en la inmortalidad del alma, debe practicar la religión exigida e impuesta por Dios.

4. La religión impuesta por Dios es la religión cristiana: luego todo hombre que cree en Dios debe ser cristiano.

5. La religión cristiana no se halla más que en la Iglesia católica: luego todo cristiano debe ser católico.

Por consiguiente, todo hombre razonable debe ser católico.

Nuestro Señor Jesucristo vino a la tierra para salvar a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los países. No quiso quedarse en la tierra de una manera visible; pero, por otra parte, era necesario que su religión se conservara y propagara por todos los pueblos, a través de los siglos, hasta el fin del mundo.

¿Qué medio eligió para conservar, propagar y hacer practicar su religión? La Iglesia.

La Iglesia Católica es la sociedad religiosa establecida por Jesucristo para conducir a los hombres a la salvación eterna, mediante la práctica de la religión cristiana.     

 


* La Religión Demostrada, del padre P. A. Hillaire (Editorial Difusión, Buenos Aires, 3ª edición, 1945, pp. 436-464).



  




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+1137 Barcelona. Hijo de noble familia nació en Barcelona. Su padre era valido del conde de Barcelona, Ramón Berenguer I. Su madre, Guilia, descendía de la nobleza goda. A los 10 años de edad, entró en el gremio de canónigos de la catedral de Barcelona. Asistió a los concilios de Tolosa, Reims, y al I de Letrán, noveno de los ecuménicos. Enviado por el papa Inocencio II al Concilio de Letrán II, coincidió allí con San Bernardo de Claraval. La elocuencia de sus argumentos consiguió la excomunión del antipapa Anacleto. Se le considera uno de los obispos más eminentes de la Edad Media, con una gran influencia sobre toda la Iglesia latina.








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