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«Tesoros de la Fe» Nº 6 > Tema “Iglesia Católica”

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¿Es posible la salvación de almas rectas fuera del cuerpo de la Iglesia?


PREGUNTA

¿Cuál es el estado de un alma no-católica o no-cristiana, cuando ocurre la muerte corporal?

O sea, una persona que vivió una fe fuera de la Iglesia, como los protestantes o los no-cristianos —como judíos, hindúes, etc.— ¿cuál es el destino eterno de esas almas? ¿Podrán salvarse?

¿Las oraciones y sacrificios de la Iglesia pueden llevarlas a la salvación?


RESPUESTA

Lo que determina la salvación de un alma es el estado de su relación con Dios en el instante de la muerte: si ella acogió la gracia sobrenatural con la Fe, la Esperanza y la Caridad, y nunca rompió con Dios durante la vida —es decir, nunca cometió un pecado mortal, o, si lo cometió, tuvo un acto de contrición perfecto— ella se salvará, aunque haya vivido toda la vida fuera del gremio visible de la Iglesia y ni siquiera haya sido bautizada. En este caso, habrá recibido lo que se llama bautismo de deseo o, conforme el caso, bautismo de sangre, pues sin el bautismo nadie puede entrar en el Cielo. Explicaremos mejor esto más adelante.

Puesta así la respuesta en términos absolutos, queda por aclarar con qué frecuencia o probabilidad esas condiciones absolutas se realizan en la práctica. Y aquí la cuestión se complica y desdobla en numerosos aspectos.

Belleza de las cosas creadas: vía sensible para el conocimiento del Creador del universo

Conocer a Dios, por medio de la Creación

En primerísimo lugar está el deber de todo hombre de reconocer la existencia de Dios y de adorarlo y servirlo como su Creador y Señor. Ahora bien, después del pecado de Adán y Eva (pecado original), la mente humana quedó obscurecida, y su voluntad debilitada. Así, muy frecuentemente el hombre niega o duda de la existencia de Dios y pasa a declararse ateo (afirma que Dios no existe), o agnóstico (no sabe si Dios existe o no, y pasa a vivir como si Él no existiese). Y en esto entra una malicia profunda, un pecado gravísimo, que establece una ruptura radical entre el hombre y Dios. Porque reconocer la existencia de Dios está al alcance de toda alma recta, como dice el libro de la Sabiduría: “Pues de la grandeza y hermosura de las creaturas, se puede a las claras venir en conocimiento de su Creador” (13, 5).

Por supuesto que si el hombre persiste en esta postura hasta el momento de la muerte, no podrá salvarse, aunque en su vida haya sido, como se suele decir, una “buena persona”. Pues alguien que rompió con Dios en el fondo de su corazón, es un individuo visceralmente ruin. Los aspectos aparentemente buenos de su personalidad, tan sólo encubren esa malicia de fondo, que contamina todos sus actos internos y externos.

Obligación de conocer la verdadera Fe

Además, el hombre debe llegar normalmente al conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo y de la Iglesia por Él fundada, e incorporarse a Ella por medio del sacramento del Bautismo. En la Iglesia, el hombre encontrará los medios necesarios para alcanzar la salvación: el conocimiento de la verdadera Fe, a través del Magisterio de la Iglesia, y la gracia, por medio de los Sacramentos.

Como el lector que me consulta se refiere a lo que sucede con los no-católicos, consideremos ahora las categorías por él mencionadas, que se pueden encontrar en un país católico: protestantes y judíos. Lo que diremos sobre la situación en un país católico vale, por extensión, para los países de minoría católica o simplemente no-católicos, o incluso para las tribus salvajes que viven en estado de barbarie, por no haber, por ventura, entrado en contacto con la civilización. En estos casos, las dificultades pueden ser no pequeñas para el conocimiento y adhesión a Nuestro Señor Jesucristo y a la Santa Iglesia.

Aunque dispersos por el mundo, los judíos forman comunidades cohesionadas en que cultivan sus tradiciones religiosas y culturales. Después del rechazo de Jesucristo como el verdadero Mesías, dos mil años atrás, es muy difícil pensar en una conversión masiva antes que la hora de la gracia suene para ellos, como está previsto en la Sagrada Escritura. Algunas conversiones aisladas, sin embargo, se han dado, de las cuales las más famosas fueron las de los hermanos Ratisbona, en el siglo XIX, los cuales fundaron justamente una congregación religiosa para la conversión de sus hermanos de raza.

La pregunta que Ud. me hace es, si un judío no convertido puede salvarse. Dado el carácter compacto y hasta cierto punto cerrado de esa comunidad, será realmente muy difícil que un miembro de ella tenga condiciones de vencer todas las barreras psicológicas, culturales, sociales y religiosas para adherir al cristianismo. A él se aplicará, pues, lo que fue dicho en el primer párrafo de esta respuesta: él será juzgado por la rectitud de su relación íntima con Dios —lo cual incluye la acogida interior de la gracia sobrenatural, de la Fe, Esperanza y Caridad— y por la observancia de los Mandamientos.

Respuesta análoga vale también para los protestantes. Cinco siglos de ruptura con la Iglesia crearon en ellos obstáculos mentales de toda especie, que exigen un esfuerzo fenomenal —sólo posible con una ayuda especial de la gracia— para que ellos den el paso decisivo de la conversión. Hace poco tiempo atrás, produjo profunda conmoción en Francia la conversión al catolicismo del pastor Michel Viot, que ocupaba un cargo de destaque en la comunidad luterana (cf. Le Monde, 7 de agosto de 2001).

Bautismo de deseo y bautismo de sangre

¿Cómo explicar que sea posible la salvación de esas almas que vivieron fuera del gremio visible de la Iglesia? La teología católica explica que esas almas rectas, que no consiguieron superar barreras vivenciales y culturales para reconocer a la verdadera Iglesia, si son auténticamente rectas —y por lo tanto, si bajo el influjo de la gracia desearon de hecho conformar sus vidas con la voluntad y la ley de Dios— reciben el bautismo de deseo en razón de la Fe, Esperanza y Caridad que, in voto (implícitamente) acogieron. Esto es, Dios las acoge en el seno de la Iglesia, porque ésta es la comunidad de todos los auténticos hijos de Dios.

Asombrosa conversión del banquero judío Alfonso de Ratisbona, en Roma, con la aparición de Nuestra Señora del Milagro

A fortiori si, bajo el influjo de la gracia sobrenatural y por un motivo de verdadera caridad, una de esas almas derramó su sangre en defensa de un principio de la ley natural, es decir, de la ley inscrita por Dios en la naturaleza. O incluso, si algún no-católico fuera intimado, bajo amenaza de muerte, a renegar de Dios, o más específicamente su fe en Jesucristo, y movido por una gracia de caridad sobrenatural, se rehúsa hacerlo, siendo por eso muerto, él recibe el bautismo de sangre, porque in extremis habrá confesado a Dios o a Jesucristo.

No se trata aquí de una sutileza teológica para explicar el principio de que fuera de la Iglesia no hay salvación, sino de la realidad profunda de la relación de las almas con Dios, que sólo Dios conoce. Y Dios acoge a esas almas verdaderamente rectas en la Iglesia triunfante, que es la comunidad de los elegidos.

De todo lo anteriormente dicho, no se concluya que esos hechos son cotidianos u ocurren a menudo. Si ya es tan difícil para nosotros, católicos, con todo el socorro de las enseñanzas y de los sacramentos de la Iglesia, mantenernos fieles a Dios y a su ley, ¡cuánto más difícil será para aquellos que no tienen la dicha de pertenecer a la Iglesia Católica!

De cualquier manera, para Dios nada es imposible, y Él puede salvar también a aquellos que, sin culpa personal, no conocieron a la verdadera Iglesia y vivieron en esta vida apartados exteriormente de ella, pero que, con el socorro de la gracia interior, fueron fieles a los Mandamientos de la Ley natural y sobrenatural de Dios, en los términos ya indicados más arriba.

Sin duda, como sugiere mi interlocutor, las oraciones y sacrificios que nosotros, católicos, hagamos, pueden beneficiar a esas almas rectas dispersas por el mundo, que no tuvieron la gracia enorme de llegar al conocimiento de la única y verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, que es la Iglesia católica.     





  




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