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«Tesoros de la Fe» Nº 209

Verdades Olvidadas  [+]  Versión Imprimible
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El amor materno,
sublimidad del género humano

Madre e hijo, Mary Cassatt, 1896 – Museo D’Orsay, París

Madre e hijo, Mary Cassatt, 1896 – Museo D’Orsay, París

En el orden personal, la Providencia dispuso una afinidad y una amistad de convivencia que, salvo excepciones, es mayor que todas las demás: entre madre e hijo.

Esta afinidad entre la madre y el hijo no tiene similitud con nada, a no ser con su arquetipo*, que son las relaciones de Nuestro Señor Jesucristo con la Santísima Virgen.

Este es el arquetipo y el sueño de todo católico en materia de amistad.

La madre ama a su hijo cuando es bueno. Sin embargo, no lo ama solo por ser bueno. Lo ama hasta cuando es malo. Lo ama simplemente porque es su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre.

Lo ama generosamente, e incluso sin buscar ninguna retribución.

Lo ama en la cuna, cuando todavía no tiene capacidad de merecer el amor que le es dado.

Lo ama a lo largo de la existencia, ya sea que suba al apogeo de la felicidad o de la gloria, o ruede por los abismos del infortunio e incluso del crimen.

Es su hijo y todo está dicho.

Sabemos que la bendición de la madre es preciosa condición para que la súplica del hijo sea escuchada, su alma sea firme y generosa, su trabajo sea honesto y fecundo, su hogar sea puro y feliz, sus luchas sean nobles y meritorias, sus venturas honradas y sus infortunios dignificantes. 

 

Plinio Corrêa de Oliveira in A procura de almas com alma – Excertos do pensamento de Plinio Corrêa de Oliveira, recogidos por Leo Danielle, Edições Brasil de Amanhã, São Paulo, 1998, p. 226-227.

* Arquetipo: Modelo original que sirve como pauta para imitarlo, reproducirlo o copiarlo; o prototipo ideal que sirve como ejemplo de perfección de algo.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 219 / Marzo de 2020

El Juicio de Jesucristo
Injusticia suprema

Ecce Homo!, Antonio Ciseri, 1891 – Óleo sobre tela, Galleria d’Arte Moderna di Palazzo Pitti, Florencia, Italia



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+592, d.C. +Châlons - Francia. Rey de Borgoña, después de divorciarse y mandar ejecutar a su médico, movido por remirdimientos, abandonó las pompas del mundo. Empleó su fortuna en la construcción de iglesias y monasterios y en la distribución de limosnas, viviendo en la más rigurosa penitencia.








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