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«Tesoros de la Fe» Nº 165

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Conclusión del Sermón de la Montaña

San Juan Bosco

Después de enseñar sobre las buenas obras, la oración y el ayuno, Jesús prosigue tratando de los cuidados que debe tomar el cristiano:

—“No acumuléis tesoros en la tierra, donde los consume el óxido y la polilla, y donde los ladrones los desentierran y roban; sino haceos tesoros en el cielo, donde no los puede consumir el óxido ni la polilla, ni pueden los ladrones desenterrarlos ni robarlos. Porque en donde está tu tesoro allí está tu corazón. Nadie puede servir a dos señores; no podéis, pues, servir a Dios y las riquezas.

—“No os afanéis, diciendo: ‘¿Qué comeremos, con qué nos vestiremos?’¡Mirad los pájaros del aire!, no siembran, ni siegan, ni almacenan; y sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No sois acaso más que ellos? ¡Mirad los lirios del campo! No trabajan, ni hilan; sin embargo, os digo que ni Salomón, en toda su gloria se vistió como uno de estos. Ahora bien; si Dios viste de tal suerte la hierba del campo que hoy es y mañana será arrojada a las llamas, ¿no os vestirá con mayor razón a vosotros, hombres de poca fe? No os angustiéis como los gentiles.

—“Buscad, ante todo, el reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura”.

Juicios temerarios

—“No queráis juzgar, y no seréis juzgados; no queráis condenar, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Con la misma medida con que midiereis, seréis medidos. ¿Cómo ves una paja en el ojo de tu hermano y echas de ver la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita! Quita antes de tu ojo la viga, y luego podrás tratar de quitar la pajuela del ojo de tu hermano. Haced, pues, a los demás lo que quisiereis que se os hiciere a vosotros mismos. En esto consiste la ley y los profetas.

—“Habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘No seáis perjuros’. Pero yo os digo: De ningún modo queráis jurar; mas sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque lo que excede de esto, de mal procede”. 

Fin del Sermón de la Montaña

Después de haber dado estas y otras instrucciones, concluyó su sermón con estas palabras:

—“El que escucha mis palabras y las practica, es semejante al hombre sabio que fundó su casa sobre piedra y la lluvia y los vientos azotan dicha casa; pero no logran derribarla, porque está fundada sobre una roca firme. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, es semejante al hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cae la lluvia, desencadénense los vientos, la casa cruje y su ruina es espantosa”.

Cuando hubo concluido de hablar, quedaron las turbas extáticas de admiración, porque les había hablado con autoridad divina. 

El Sermón de la Montaña, Henrik Olrik, 1880 – Mural del altar mayor de la Iglesia de San Mateo, Copenhague (Dinamarca)

 



  




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Tesoros de la Fe


Nº 230 / Febrero de 2021

Sta. Bernadette Soubirous
La vidente de la Virgen de Lourdes

Urna de cristal con los restos mortales de santa Bernadette Soubirous, en la capilla del antiguo convento de Saint-Gildard, en Nevers (Francia)



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Santoral

28 de febrero

San Torcuato, Obispo y Confesor

+Siglo I ó II + Cádiz - España. Considerado como el primero de los “varones apostólicos” –obispos enviados de Roma a la Península Ibérica en el siglo I– fue obispo de Cádiz, que edificó con su ciencia y virtud.



† Fr. Domingo de Santo Tomás Navarrete OP

+(1499-1570) Perú. Religioso dominico, natural de Sevilla. Llegó al Perú en 1540 y participó en los dos primeros Concilios Limenses. Escribió la más antigua gramática del quechua, por lo cual Raúl Porras Barrenechea le dio el apelativo de Nebrija indiano. Defendió con valentía a los indios, manifestó al rey su preocupación por la educación de los mestizos y su oposición a la perpetuidad de las encomiendas. Pío IV lo nombró primer obispo de La Plata.








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