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«Tesoros de la Fe» Nº 158

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La catacumba de San Calixto

Plinio Corrêa de Oliveira

VISITÉ EN COMPAÑÍA de unos amigos la catacumba de San Calixto, en Roma. Sus corredores estrechos dan la impresión de que sus dos paredes se encontrarán en lo alto, causando cierta sensación de asfixia. Por todas partes se veían sepulturas.

Repentinamente nos deparamos con una capilla, sobre la cual filtraba un haz de luz. Era un recinto cuadrado, con dibujos pintados directamente sobre las paredes, representando de modo ingenuo escenas del Evangelio y del Antiguo Testamento. Había en el lugar un pequeño altar. El guía explicó: "Esta era una capilla, aquí se rezaba la misa".

Allí eran sepultados los mártires. Tumbas que en la víspera estaban vacías eran ocupadas con los restos mortales de nuevos mártires, heroicamente rescatados de la arena del Coliseo.

El cuerpo del mártir permanecía tirado en la arena, todo despedazado. Terminado el martirio, el pueblo se retiraba, y nadie más se preocupaba por él.

Al anochecer, heroicos católicos —ellos mismos candidatos al martirio, pues, si eran descubiertos, serían martirizados— se escabullían hasta el Coliseo para recoger los restos mortales de los mártires. Envueltos en paños, eran furtivamente llevados hasta la entrada de la catacumba por un orificio abierto en el suelo.

El Buen Pastor pintado en las paredes de la catacumba

Estos valientes cristianos, al llegar a la entrada hacían una señal. Desde dentro, una voz se oía:

—¿Qué nos traes?

—Los restos de fulano de tal.

Inmediatamente, del fondo de la tierra se elevaba un cántico de triunfo. Otro hermano en la fe ha subido al cielo. Un hermano con quien, en la víspera, posiblemente ellos habían conversado. Y soportado padecimientos que muchos de los presentes habían presenciado.

Podría ocurrir inesperadamente una inspección de la policía imperial en la catacumba. Algunos cristianos eran entonces apresados y llevados a sufrir también el martirio. A partir de ese instante, no verían más las catacumbas y no asistirían a la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, mientras aguardaban el momento de ser despedazados por las fieras. ¡Al morir como mártires, subían directamente al cielo!  

 

La catacumba de San Calixto, ubicada en la Vía Apia, región central de Roma, es una de las más visitadas en Italia. Ocupa cerca de cinco pisos bajo tierra, extendiéndose por más de 20 kilómetros de corredores que conducen a las diferentes tumbas. Se calcula que aproximadamente 20 mil cristianos están allí sepultados.



  




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Tesoros de la Fe


Nº 219 / Marzo de 2020

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Ecce Homo!, Antonio Ciseri, 1891 – Óleo sobre tela, Galleria d’Arte Moderna di Palazzo Pitti, Florencia, Italia



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