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Número 137
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Assumpta est Maria in Coelum

Y la Virgen María fue asunta a los Cielos...


Transcurridos algunos años desde la Ascensión del Señor, mientras la mayor parte de los Apóstoles predicaba lejos de Palestina, llegó la hora en que el Cielo reclamaba la presencia de la Virgen Santísima. Jesús, su Divino Hijo, se apareció para comunicarle que en breve vendría a buscarla. María le reveló a San Juan Evangelista, su amado anfitrión e hijo por adopción, el mensaje que el Señor le trajo, rogando para que llamase a San Pedro y a Santiago. De este modo, la Virgen María entregó su alma a Dios en brazos de los Apóstoles.

Por lo general, se admite que la muerte haya puesto fin a aquella vida tan preciosa, y esta doctrina es la más probable. Una muerte tan indeciblemente suave y serena, que es denominada “dormición” por los Padres de la Iglesia en Oriente. Sin embargo, existe entre los teólogos una escuela que rebate el hecho de la muerte de Nuestra Señora: según esta opinión, la Virgen María habría pasado de la vida terrena a la vida celestial sin que su alma se hubiese separado físicamente del cuerpo.

En todo caso, al término de su peregrinación terrena, el alma glorificada de María, animó y transformó su cuerpo, dándole aquella vida gloriosa, inmortal, impasible y luminosa que ya adornaba al Hijo de Dios. Y así, la gloriosa Virgen fue llevada al Cielo en cuerpo y alma, en los brazos de los ángeles, al encuentro del Eterno Padre.

Una antigua y muy querida devoción de los peruanos

En el Perú, la devoción a Nuestra Señora en el misterio de su Asunción se remonta a los primeros años de la evangelización. La ciudad de Arequipa, fundada el 15 de agosto de 1540, se erigió bajo su maternal patrocinio. Lo mismo ocurre con muchas otras localidades del interior del país.

En el altiplano, de las cuatro monumentales iglesias que tiene Juli, una está dedicada a la Asunción. Su altar mayor ostenta un hermoso lienzo de grandes dimensiones que representa a la Virgen María subiendo a los Cielos. En otros tiempos se le profesó gran veneración, siendo su fiesta una de las más atractivas de la región.

En la cusqueña provincia de Urubamba, se rinde culto a Nuestra Señora de la Asunción de Tiobamba. Esta milagrosísima imagen se apareció en el siglo XVII a una india tullida.

También en Cutervo la devoción a la Virgen Asunta es muy antigua, pues consta que en 1686 ya existía una cofradía en su honor.

Otras tres imágenes de esta devoción se veneran en el Callejón de Huaylas. La más celebrada es la de Huata, próxima a Caraz. Se trata de una imagen de talla a la que se le atribuye la resurrección de un niño que su madre dejó exánime al pie del altar. Las otras se encuentran en la Parroquia de Huaylas y en Sihuas, provincia de Pomabamba.     




  

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