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Número 137
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La Cruz de Mayo


José Antonio Pancorvo



En el Perú hay cientos de poblados, rincones y accidentes geográficos registrados cuyo nombre incluye la cruz. Entre otros los más frecuentes son Cruz Santa, Santa Cruz, La Cruz, Cruzpampa y Cruzpata. En la sola ciudad de Ayacucho está Verde Cruz, Molle Cruz, Dique cuchu Cruz, Puca Cruz, Pampa Cruz, Cruz del Arce y otras.

Las cruces iluminan innumerables caminos, cerros, colinas y calles, y los tejados de todas las casas en muchísimos valles. En las comunidades campesinas tradicionales, la Cruz preside las reuniones y adorna infaltablemente las famosas Varas. En algunos pueblos se entierra con una gran cruz casi del alto del finado. En quechua se dice “maypin Cruz, chaypin Dios”: donde está la Cruz ahí está Dios.

En costa y selva la devoción no es menor. Tal vez la Cruz más venerada en el país sea la de Chalpón en Motupe. Durante todo el mes de mayo, y especialmente el día 3 —en que se celebra el hallazgo de la Cruz del Calvario por Santa Elena, madre de Constantino— se festeja a la Cruz en todo el Perú. Se las adorna lujosamente, fijas o de procesión, y se las venera con auténtica Fe.

En la Lima de los últimos tiempos se han multiplicado las Cruces en las urbanizaciones y barrios nuevos. En Comas, San Martín de Porres, San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo, y todos los nuevos distritos, vecinos originarios de muy diversos departamentos se organizan en una sola asociación para venerar a la Cruz. La Cruz del San Cristóbal y el Nazareno Crucificado —cuyas procesiones reúnen a todos los peruanos en ciudades como Nueva York y Milán— se identifican plenamente con el alma de Lima.

La Cruz del San Cristóbal, que se remonta a los tiempos de Pizarro, congrega todos los años a una multitud de fieles el primer Domingo de mayo

La esencia de esta devoción es mantener siempre y en todo lugar la memoria de nuestra Redención, realizada en la Cruz, en la presencia de María Santísima, para salvación de las almas, derrota del infierno, e instauración del Reino de Cristo en la Tierra.

Con el Emperador Constantino se abolió el tormento de la cruz y se elevó a la Santa Cruz a la altura de guía y blasón de la Cristiandad, y de la Historia misma del género humano, creado y redimido por Dios mismo. Nuestro Inca Garcilaso fue enterrado con las piernas en cruz, privilegio de los participantes en las Cruzadas, pues el gran escritor mestizo había combatido en la Guerra de las Alpujarras.     




  

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