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Número 137
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PREGUNTA


¿Quisiera saber cómo una persona puede reconocer cuándo la Virgen le hace una comunicación. ¿Algo le sucede por medio de la Medalla Milagrosa que ella usa? ¿O la Virgen se le aparece? Tengo mucha curiosidad… Si me pudiesen ayudar, les agradecería.


RESPUESTA


La Santísima Virgen habla con San Bernardo de Claraval. Gran devoto suyo, proclamó sus glorias en sus escritos.


Más allá de las revelaciones particulares citadas en la respuesta anterior existen también las locuciones interiores que el Espíritu Santo pronuncia en lo recóndito de las almas. En caso de que se trate de un alma buena y recta, que la Santísima Virgen quiere atraer a una mayor santificación personal, Ella pide al Espíritu Santo como Esposa, que hable al interior de esas almas. No hay ningún inconveniente teológico en decir que Nuestra Señora es quien habla al interior de nuestras almas.

¿Cómo reconocer que la procedencia de esa locución interior es de la Virgen Madre de Dios? Es muy simple: si esa locución nos lleva a un sentimiento más humilde de nosotros mismos y a la práctica generosa de la virtud o de cualquier forma de bien, podemos estar seguros de que es la Santísima Virgen quien está hablando. No es nece­sario­ que la Virgen María se nos aparezca y hable visiblemente con nosotros. Ella puede­ hablar al interior de nuestras almas, como ya fue explicado.

Pero si esa voz nos lleva a cualquier forma de vanagloria, cuidado: ¡puede ser el demonio queriendo sugerirnos la idea de que poseemos un grado de santidad que no alcanzamos!

Con esos cuidados debidamente tomados, estemos atentos a la voz de la Santísima Virgen y tengamos la docilidad de ponerla en práctica, según la palabra de la Escritura: “Si escuchéis hoy su voz, no endurezcáis el corazón” (Sal 95, 8).

Ahora bien, la mejor respuesta que podemos dar a Nuestra Señora es ser muy devotos de Ella, pensar en Ella frecuentemente, hablar interiormente con Ella muchas veces. Es el consejo de oro que San Luis Grignion de Montfort presenta en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, nº 166, y que transmito aquí a la apreciada consultante.     




  

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