Síganos en Facebook
Tienda virtual
Búsqueda

Todo sobre Fátima

Cronología

Apariciones del
Ángel de Portugal


Las Apariciones de la Santísima Virgen

El Secreto de Fátima

Devoción al Corazón Inmaculado de María

Fátima y
el Escapulario


La Imagen Peregrina Internacional

Los tres pastorcitos

Devocionario

Alianza de Fátima

Una Alianza con
María


Mis Beneficios

¿Cómo participar?

La Virgen Peregrina en mi hogar

Nuestra pequeña historia

¿En qué consiste la visita?

Solicite la visita
a su hogar


Tesoros de la Fe



Número 137
Mayo de 2013

Secciones
La Palabra del
Sacerdote
Lectura Espiritual
Página Mariana
Vidas de Santos
Especiales
S.O.S. Familia
¿Por qué llora
Nuestra Señora?

Verdades Olvidadas

Números anteriores




2013 2012 2011
2010 2009 2008
2007 2006 2005
2004 2003 2002

Almanaque Fátima



MAYO 2013

¿Necesita que alguien rece por Ud.? Encienda una vela virtual en: www.oratoriodefatima.com

Especiales Versión ImprimibleVersión Imprimible


Doña Isabel la Católica dictando su testamento


Eduardo Rosales (1836-1873), Museo del Prado


Benoît Bemelmans


Eduardo Rosales nació y murió en Madrid, aunque vivió en otras capitales. En esta pintura realizada en Roma, demuestra su gran dominio del dibujo, de la composición y de la luz. El subdirector del Museo del Prado, José Luis Diez, dice de ella: «Obra cumbre de la pintura española del siglo XIX, que marcó la decisiva transformación del género y una de las piezas capitales de toda la historia del arte español».

Con ocasión de la nueva ampliación del Prado y después de haber estado diez años recluida en el depósito, la obra ha sido exhibida en una muestra de pintores del siglo XIX. Este lienzo obtuvo el primer premio de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1864, y el artista explicó así el motivo escogido: «Este momento de la gran reina es uno de los más hermosos de su gloriosa vida porque en él se ve el inmenso amor que tenía a su pueblo y es interesante para nuestra Historia por las cláusulas que en él dejó consignadas».

Pocos días antes de su muerte, Isabel la Católica dicta su testamento en presencia de familiares y colaboradores más cercanos. En la cabecera de la reina vemos al rey Fernando y a su hija Juana. La blancura de las sábanas concentra la atención del espectador hacia la reina.

Recluida en Medina del Campo, cuando se enfermó gravemente quiso que la Misa celebrada regularmente por su salud deviniese en Misa por su salvación, tan consciente estaba de su próximo fin. Lúcidamente pidió la Unción de los Enfermos y la Eucaristía, que recibió con conmovedora piedad.

En su testamento, la reina establece que su sucesor deberá empeñarse en la reconquista cristiana del Norte de África, bajo la impronta de aquella que había tenido lugar en la Península. La soberana ibérica tiene una causa de canonización en curso.     




  

[ Volver Especiales ]


Dirección: Tomás Ramsey 957, Magdalena del Mar - Lima - Perú