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Número 137
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MAYO 2013

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El amor materno; sublimidad del género humano


Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962), modelo de madre heroica, que prefirió sacrificar la propia vida a ceder al horrendo crimen del aborto


Como un homenaje a nuestras madres, trascribimos algunos pensamientos escogidos del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, recogidos por Leo Daniele en su obra «En busca de almas con alma», publicada en 1998.


En el orden personal, la Providencia dispuso que en el convivir humano exista una afinidad y una amistad que, salvo excepciones, es mayor que todas las demás: es entre hijo y madre.

Esta afinidad madre-hijo no tiene similitud en nada, a no ser en su modelo perfectísimo, que son las relaciones de Nuestro Señor Jesucristo con la Santísima Virgen.

Éste es el arquetipo y el anhelo de todo católico en materia de amistad.

Una madre ama a su hijo cuando es bueno. No lo ama, sin embargo, sólo porque es bueno. Lo ama aún cuando es malo.

Lo ama simplemente porque es su hijo, carne de su carne y sangre de su sangre.

Lo ama generosamente, e incluso sin esperar ninguna retribución.

Lo ama en la cuna, cuando aún no tiene la capacidad de merecer el amor que le es dado.

Lo ama a lo largo de su existencia, aunque suba al pináculo de la felicidad o de la gloria, o ruede por los abismos del infortunio y hasta del crimen.

Es su hijo, y todo está dicho.

Sabemos que la bendición de la madre es una preciosa condición para que la oración del hijo sea oída, su alma sea seria y generosa, su trabajo sea honesto y fecundo, su hogar sea puro y feliz, sus luchas sean nobles y meritorias, sus venturas honradas y sus infortunios dignificantes.     




  

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