La salvación del mundo por medio de las oraciones de María Santísima
Plinio Corrêa de Oliveira
Todos los teólogos concuerdan en afirmar que, si la salvación rayó para el mundo en la época del emperador Augusto, lo debemos a las oraciones omnipotentes de María, que consiguió anticipar el día del nacimiento del Mesías. Nadie puede decir cuántos años o cuántos siglos habría aún tardado la Redención, sin las oraciones de María.
No fue, por tanto, de aquellos que se agitaban en las plazas públicas o en los conciliábulos políticos para conseguir la reorganización del mundo, que ésta vino. Ella vino de la oración humilde y llena de confianza de la Virgen María, totalmente ignorada por sus contemporáneos, y viviendo una vida contemplativa y solitaria, en el pequeño rincón en donde la Providencia la hizo nacer.
Sin querer, con esto, desmerecer, por poco que sea, la vida activa, es preciso notar que fue por medio de la oración y de la contemplación, que se anticipó el momento de la Redención. Y que los beneficios que el genio de Augusto, el tino de todos los grandes políticos, generales, economistas y administradores de su tiempo no pudieron dar al mundo, Dios los dispensó por medio de María Santísima. Quien benefició más al mundo no fue quien más estudió, ni quien más actuó, sino quien más y mejor supo orar. 
* Legionario, (25-12-1938)
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