Celibato, gloria de la Iglesia
Al enterarnos de ciertos escándalos que hacen noticia en la actualidad, al ver a los medios de prensa hablando de sacerdotes homosexuales y pedófilos, quedamos horrorizados.
Quisiéramos, en estas circunstancias, pedirle al R. P. Villac una palabra sacerdotal clara y orientadora, como acostumbran ser sus respuestas en esta sección.
Ayúdenos, padre, en medio de esta confusión que envuelve a la Iglesia, a la que tanto amamos.
La irrupción casi diaria de noticias sobre el asunto, en varios países de la Cristiandad, da la impresión de un fenómeno de grandes proporciones. Sin embargo, cuando se enumeran y analizan los casos narrados, se percibe que el fenómeno alcanza a una porción mínima del Clero católico, que cuenta en sus filas con centenas de millares de sacerdotes en todo el mundo.
También llama la atención que las denuncias se refieren casi siempre a hechos ocurridos hace 20 ó 30 años atrás. ¿Por qué, de repente, son hechos públicos, simultáneamente, y en tan diversos lugares? ¡Cómo no pensar en una campaña orquestada con inconfesados fines!
Puesta así la cuestión en sus debidas proporciones, queda evidente que no se puede dejar de censurar con las palabras más enérgicas la prevaricación de esos sacerdotes que traicionaron de modo tan infame sus votos y su vocación. Traición en primer lugar a Jesucristo, del cual eran representantes y ministros; traición a la Iglesia, que les confió las almas para ser conducidas por el camino de la salvación y no de la perdición.
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Pío XII: "Es necesario que el sacerdote renuncie a todo cuanto es del mundo (1 Cor. 7, 32-33)." |
Dos pesos y dos medidas
De otro lado, se percibe la malicia intrínseca de esa campaña lanzada contra la Iglesia en el hecho de que es toda la sociedad moderna la que padece de ese mal. La prensa –escrita, hablada o televisiva– favorece de todos los modos la difusión del más escandaloso permisivismo moral en todos los campos y en todos los estratos de la sociedad, y de repente se vuelve moralista farisaica en un punto específico (la pedofilia) y ¡descarga las baterías contra la Iglesia en ese punto! ¡Cómo no preguntarse con qué objetivos lo hacen...!
Es necesario, desde luego, notar que, muy frecuentemente, los mismos órganos de prensa que incriminan a la Iglesia a causa de los pecados de pedofilia de un cierto número de sacerdotes, de otro lado, son los mayores promotores de los pseudo derechos de los homosexuales. Fingiendo ignorar que, con frecuencia, el pecado de pedofilia es al mismo tiempo un pecado de homosexualismo. La contradicción no podría ser más flagrante: es preciso combatir la pedofilia –dicen ellos– pero salvar al homosexualismo (lo que intentan hacer, pero no lo dicen...).
No puedo evidentemente, en sólo dos páginas, abordar el asunto en todos sus aspectos. Por esa razón no presento aquí una refutación cabal a la contra-argumentación según la cual, en la relación pecaminosa entre dos adultos, entra la presunción de consentimiento entre las partes, mientras que en el caso de la pedofilia la presunción es de violencia o engaño, de donde serían dos casos típicamente distintos.
Digo simplemente que el consentimiento mutuo no salva al pecado de homosexualismo (como tampoco al de pedofilia, conforme algunos pretenden).
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