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MAYO 2013

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Una puerta abierta, que nadie puede cerrar


La devoción al Inmaculado Corazón de María es el camino propio para llegar al Corazón de Jesús. Prescindir en nuestras oraciones de la intercesión de María Santísima, Medianera de todas las gracias, equivale a pretender volar sin alas.



El viernes que sigue al segundo domingo después de Pentecostés, la Santa Iglesia celebra la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. Al día siguiente, se conmemora la festividad del Inmaculado Corazón de María.

Tratándose de una importantísima devoción católica, trascribimos a continuación algunos párrafos de un artículo de Plinio Corrêa de Oliveira, publicado en el periódico Legionario, el 30 de julio de 1944:

«Toda piedad verdadera tiene por objeto dar gloria a Dios y conducir al hombre a la virtud. Para una y otra cosa, la devoción al Corazón Inmaculado de María es un verdadero don de la Providencia para este pobre y dilacerado siglo.

Nuestra Señora es la Medianera de todas las gracias. Querer rezar sin su intercesión es lo mismo que pretender volar sin alas, dice Dante. Si deseamos que nuestros actos de amor, de alabanza, de acción de gracias y de reparación lleguen hasta el trono de Dios, debemos depositarlos en las manos de María Santísima. Sería ridículo imaginar que Nuestra Señora constituye un desvío, y que alcanzamos más directamente a Dios si no nos dirigimos a Ella. Lo contrario es verdadero. Sólo por medio de ella es que llegamos a Dios.

Prescindir de la Santísima Virgen para llegar a Jesucristo, bajo el engañoso pretexto de que Nuestra Señora constituye una mampara entre nosotros y su Divino Hijo, es tan estúpido cuanto pretender analizar los astros sin telescopio, “directamente”, por imaginar que el cristal de los lentes constituye una mampara entre los astros y nosotros. Quien quisiera hacer astronomía “directamente”, a simple vista, no haría astronomía, sino una tontería. Pretender llevar una vida de piedad sin el auxilio de la Santísima Virgen, es lo mismo que hacer astronomía a simple vista...

Sepamos buscar la gracia en las fuentes donde realmente ella mana, y con su auxilio volvámonos fuertes para todas las austeridades que el Espíritu Santo exige de nosotros. Entre aquellas fuentes de gracia, está sin duda, en lugar relevantísimo, la devoción al Corazón Inmaculado de María.

En el libro del Apocalipsis (3, 8), encontramos esta frase: “Conozco tus obras; mira que he puesto ante ti una puerta abierta, que nadie puede cerrar, porque teniendo poco poder guardaste sin embargo mi palabra y no negaste mi nombre”. Esta puerta abierta para la debilidad del hombre contemporáneo es el Corazón Inmaculado de María».     




  

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