De los devotos ejercicios que se aconsejan al cristiano para todos los días
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Santa Teresa de los Andes (1900-1920), reza ante una imagen de la Virgen el día de su primera comunión |
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me entrego del todo a Vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de piedad!, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.
(Consagración a la Virgen, cf. R.P. Gregorio Martínez de Antoñana C.M.F., Misal Romano, Madrid, 1962, p. 726)
El buen cristiano, al despertar, ha de hacer la señal de la Cruz y ofrecer su corazón a Dios con estas o semejantes palabras: Dios mío, os doy el corazón y el alma mía.
Mientras nos levantamos y vestimos hemos de pensar que Dios está presente, que aquel día puede ser el último de nuestra vida, y levantarnos y vestirnos con toda la modestia posible.
El buen cristiano, acabado de vestir, ha de ponerse en la presencia de Dios y arrodillarse, si puede, ante una devota imagen, diciendo con devoción: Os adoro, Dios mío, y os amo con todo mi corazón; os doy gracias por haberme creado, hecho cristiano y conservado esta noche; os ofrezco todas mis acciones, y os pido que este día me preservéis de pecado y me libréis de todo mal. Así sea. Reza luego el Padrenuestro, Avemaría, Credo, y los actos de Fe, Esperanza y Caridad, acompañándolos con vivo afecto del corazón.
Todos los días que pudiese debería el cristiano: 1) oír con devoción la santa Misa; 2) visitar el Santísimo Sacramento, por corta que fuese la visita; 3) rezar la tercera parte del Rosario.
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Al ponerse a trabajar ha de ofrecer a Dios aquel trabajo, diciendo de corazón: Señor, yo os ofrezco este trabajo, dadme vuestra bendición.
Ha de trabajar por la gloria de Dios y por cumplir la divina voluntad.
Antes de sentarse a la mesa, estando en pie, hará la señal de la Santa Cruz y luego dirá con devoción: Señor Dios, echad vuestra bendición sobre nosotros y sobre el manjar que vamos a tomar para mantenernos en vuestro servicio.
Después de comer hará la señal de la Cruz y dirá: Os doy gracias, Señor, por el manjar que me habéis dado: hacedme digno de participar en la mesa celestial.
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Al advertir que somos tentados hemos de invocar con fe los santísimos nombre de Jesús y de María, o decir con fervor alguna jaculatoria, por ejemplo: Dadme la gracia, Señor, de no ofenderos jamás; o bien hacer la señal de la Cruz, evitando con todo que por las señales exteriores echen de ver los demás nuestra tentación.
El que tiene conciencia cierta, o dudosa, de haber cometido algún pecado debe hacer inmediatamente un acto de contrición y procurar confesarse cuanto antes.
Cuando estando fuera de la iglesia se oye la señal de la elevación de la Hostia en la Misa solemne o la bendición del Santísimo Sacramento, se hará, por lo menos con el corazón, un acto de adoración diciendo, por ejemplo: Bendito y alabado sea en todo momento el santísimo y divinísimo Sacramento.
* Catecismo Mayor de San Pío X, Editorial Magisterio Español, Vitoria, 1973, pp. 129-130.
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