¿Por qué celebrar los dolores de María?
El día 15 de este mes, los católicos celebramos la fiesta de los Siete Dolores de María, en honor a Mater Dolorosa. Sólo llegan a comprender a la Santísima Virgen aquellos que comparten con Ella sus dolores y sus preocupaciones.
Valdis Grinsteins
Muchas personas deformadas por la mentalidad neopagana de nuestros días, juzgan al menos insólita la fiesta en que la Iglesia conmemora los Dolores de María Santísima. ¿Celebrar el dolor? ¿Conmemorar la tragedia de la Crucifixión?
Prefieren poner estas fechas de lado y celebrar sólo aquello que es alegre: la Navidad, la Resurrección, la Asunción de María. Modo de pensar equivocado, pues mutilar de esa manera lo que la doctrina católica enseña es lo mismo que admitir que: “Dios en alguna cosa debe haberse equivocado”. No son pocos los presuntuosos que se convencieron de poder crear el mundo mejor de lo que Dios lo hizo, y gobernar la Iglesia de modo más perfecto que el Espíritu Santo. Si la Iglesia propaga esta devoción es porque altísimas razones la llevan a ello. ¿Cómo explicarlas?
Idea equivocada e idea correcta
Observando la forma en que hoy se gobierna, son numerosas las personas que sueñan con ser el mejor amigo de quien se halle en la cima del poder. Piensan ellas que tal posición les permitirá obtener cargos, honras y otras formas de privilegio. Ni pasa por sus cabezas que eso no debe ser así. Pero en la época en que la doctrina católica influenciaba profundamente a gobiernos y gobernantes, la mentalidad reinante era muy diferente a ésta. Ejercer un alto cargo, ser pariente o amigo del rey, no consistía sólo en recibir beneficios. Implicaba serias responsabilidades como, por ejemplo, ir a la guerra. Los plebeyos normalmente combatían en las guerras, pero los nobles y los más próximos del monarca estaban obligados a participar de la actividad bélica. No sé si hoy muchas personas quisieran ser ministros, en caso que estuvieran obligados a combatir en los frentes de batalla.
Esto se explica, pues la doctrina católica siempre enseñó que quien más recibe del Creador debe dar más a Dios. Es la parábola de los talentos. Si Dios concede un don, según su justicia, Él espera que le sea devuelto lo que fue cedido, añadiendo algo de más. Ésta es la verdadera idea de lo que significa ser preferido por el gobernante: estar dispuesto a dar más que los otros, que recibieron menos.
Pues bien, Nuestra Señora fue la criatura más agraciada con dones divinos. Dones, talentos, gracias y revelaciones, Ella las tuvo más que nadie. Y siendo perfectísima, quiso devolver, con el añadido de su correspondencia a la gracia, aquello que recibió del Creador. En eso consiste el verdadero amor a Dios. Dios pidió a la Santísima Virgen cosas que no le fueron solicitadas a una persona común, y Ella de forma admirable Ella correspondió a tal pedido.
Por ejemplo, estar al pie de la Cruz, viendo a su Hijo expirar. Y Ella aceptó tal sufrimiento dilacerante, porque ésa era la voluntad de Dios. ¿Cuántas madres tolerarían eso? ¿Cuántas, si fuesen sujetas a esta prueba, no juzgarían que “Dios estaría exagerando”? Nuestra Señora nunca se quejó, dándonos un ejemplo admirable de sumisión a la voluntad divina.
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