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Número 83
Noviembre de 2008

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De los dones del Espíritu Santo

Los dones del Espíritu Santo son singulares y extraordinarias gracias con que Dios enriquece a las almas que le sirven con perfección, disponiéndolas para seguir con docilidad las divinas inspiraciones y practicar las virtudes.

Como son gracias gratuitas y generosas del amor divino, se llaman del Espíritu Santo, porque a éste se le atribuyen todas las obras del amor.

El alma del cristiano que está en gracia de Dios, es templo donde reside el Espíritu Santo, dispuesta a recibir estos singulares dones; pero no los posee en actualidad, hasta que este amor llegue a tal grado, que se digne el Espíritu Santo derramarlos sobre ella generosamente y moverla a la ejecución en bien propio o del prójimo.

Como de todo privilegio, el alma puede usar de ellos o no usar, no está obligada necesariamente a su ejecución, porque a pesar de la moción, estímulo y actividad que inspira el Espíritu Santo, no coarta en lo más mínimo la libertad(cf. E. Horcajo Monte de Oria, El Cristiano instruido en su Ley, Madrid, 1891, p. 152).

El rey Salomón brilló por su sabiduría, como se
aprecia en este juicio en el que dos mujeres
reclamaban ser la madre de un mismo niño

Los dones del Espíritu Santo son siete: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.

Los dones del Espíritu Santo sirven para afianzarnos en la Fe, Esperanza y Caridad, y darnos prontitud para actuar las virtudes necesarias a la perfección de la vida cristiana.

Sabiduría es un don con el que, alzando el entendimiento de estas cosas terrenas y caducas, contemplamos las eternas, a saber: la eterna Verdad, que es Dios, amándole y deleitándonos en Él, en lo cual consiste todo nuestro bien.

Entendimiento es un don que facilita la inteligencia de las verdades de la Fe y de los divinos misterios, inasequibles a la luz natural de nuestro entendimiento.

Consejo es un don con el que, en las dudas e incertidumbres de la vida humana, conocemos lo que ha de redundar en mayor gloria de Dios y salud nuestra o de nuestro prójimo.

Fortaleza es un don que nos inspira valor y aliento para guardar fielmente las leyes de Dios y de la Iglesia, y con que vencemos todos los obstáculos y asaltos de nuestros enemigos.

Ciencia es un don con el que juzgamos rectamente de las cosas creadas, y conocemos la manera de usar bien de ellas y de enderezarlas al último fin, que es Dios.

Piedad es un don con el que veneramos y amamos a los Santos y conservamos un corazón piadoso y benévolo para con nuestro prójimo por amor de Dios.

Temor de Dios es un don que nos inspira reverencia de Dios y temor de ofenderle, y nos aparta del mal moviéndonos al bien.


Catecismo Mayor de San Pío X, Editorial Magisterio Español, Vitoria, 1973, p. 122.
  

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