Dos grandes milagros de la Virgen de Fátima La rotación del Sol y la liberación de Austria
La Cruzada del Santo Rosario domina las bases y, por fin, mueve a los dirigentes
En setiembre de 1948 inició el padre Petrus, en la iglesia de los capuchinos de Viena, los Actos de Devoción Reparadora (Sühneandacht) con misas, predicaciones, confesiones, bendición de enfermos y recitación del rosario. Tales devociones duraban a veces cinco días consecutivos. Él los denominó Asaltos de Oración (Sturmgebete): “La paz es un don de Dios y no obra de políticos, y los dones de Dios se obtienen con oraciones”, decía el misionero. Era necesario conquistar de Dios esa gracia como los soldados conquistan una fortaleza mediante un ataque.
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El 12 de setiembre de todos los años, fiesta del Santísimo Nombre de María, millares de personas se congregan en el Salón de la Ciudad de Viena, para rezar a la Madre de Dios en agradecimiento por la insigne gracia concedida por Ella a la nación austriaca, en 1955 |
Organizó procesiones con la imagen de la Virgen de Fátima los días 13 de cada mes. Éstas tomaron tal vuelo que resolvió promover el día de la Fiesta del Nombre de María (12 de setiembre) de cada año, una gran procesión a la cual invitaba a participar a todas las parroquias de Viena.
Esa fiesta había sido instituida en 1683 por el Papa Inocencio XI para que toda la Cristiandad conmemorase la intervención de la Santísima Virgen dando la victoria a los ejércitos católicos contra los turcos en Viena.
En 1948 el padre Petrus escribió al Cardenal Innitzer, de Viena, invitándolo a participar de las procesiones. Durante algún tiempo, el Purpurado se negó a tomar parte en aquella manifestación de Fe. También se había opuesto a la ida de la imagen de Nuestra Señora de Fátima a la iglesia de los capuchinos alegando que en aquel templo ya había otra imagen, y que “la Virgen es una sola”. El padre Petrus fue entonces a la catedral de Viena y allí encontró 35 diferentes representaciones de la Madre de Dios. Así consiguió deshacer tal oposición. Más tarde, ante el éxito del movimiento, el Cardenal se sintió obligado a participar de la procesión.
El primer ministro Leopold Figl también fue invitado a participar de las grandes procesiones. En todas las magnas ocasiones, tanto a él como a sus ministros se los veía de vela y rosario en la mano.
En 1953, Julius Raab sucedió a Leopold Figl en el cargo de primer ministro y se unió a los esfuerzos del religioso capuchino.
El movimiento irá creciendo siempre de manera sorprendente. Hasta 1955, más de 500 mil austriacos (el país tenía entonces cerca de cinco millones de habitantes) se habían comprometido a participar de aquel inmenso clamor de oraciones. El número de quienes participaba de las procesiones y de los Asaltos de Oraciones era mucho mayor.
Mientras tanto, durante esos ocho años se desarrollaron en Londres 260 reuniones entre representantes de las naciones vencedoras y una delegación austriaca, sin que nada quedase resuelto sobre la ocupación de Austria.
La Guerra Fría se intensificaba cada vez más y el comunismo agudizaba sus métodos de persecución religiosa en los países ocupados. Parecía que Dios quería probar la confianza de aquellos que tanto pedían la liberación de su país.
Milagro de la Virgen de Fátima salva Austria
El 24 de marzo de 1955 los gobernantes soviéticos invitaron a los austriacos a una conferencia en Moscú. Antes de partir, el primer ministro Julius Raab pidió al sacerdote: “Por favor rece, y haga que sus fieles recen más que nunca”, pues presentía que allí se decidiría el futuro de la nación.
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Rezando ante la imagen de Magna Mater Austriae, en el santuario nacional de Mariazell, el 2 de febrero de 1946, el padre Petrus escuchó una voz interior que le decía: "Haced lo que yo os digo y tendréis paz" |
Luego de rápidas conversaciones, sucede lo imposible: inesperadamente en el mes de abril, el régimen de Moscú anunció la determinación de que en noventa días retiraría todas sus tropas. El 15 de mayo los representantes de las cuatro potencias ocupantes firmaron en Viena el Tratado de Independencia definitiva del país.
Finalmente Austria se liberaba de la ocupación aliada y, más importante que todo, de la ocupación soviética. Caso único en la historia del comunismo hasta entonces. El 26 de octubre de 1955, el último soldado de las tropas de ocupación dejó el suelo austriaco, lo que en Alemania recién sucedió cuarenta años después, en 1995.
Antes, el 12 de setiembre, se organizó en Viena una gran procesión nocturna “aux flambeaux” (con candelas) en homenaje a la Santísima Virgen de Fátima, de la cual participó una enorme multitud e innumerables personalidades de la vida pública.
El primer ministro pronunció un discurso, en el cual reconoció la importancia que el movimiento del padre Petrus había desempeñado en los acontecimientos. Y terminó con estas palabras: “Hoy, nosotros, que tenemos el corazón lleno de fe, aclamamos al Cielo con gozosa oración: ¡Somos libres, oh María, te lo agradecemos!”
* Adaptación del artículo de Carlos Eduardo Schaffer publicado en Catolicismo, nº 569, abril de 1998.
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