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Número 83
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Informativo N° 14

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¿Qué viene a ser la actual crisis en la Iglesia?

PREGUNTA

¿Podría Ud. explicar qué viene a ser la actual crisis en la Iglesia?
¿La Iglesia ya no pasó por situaciones semejantes en otras ocasiones, por ejemplo cuando hubo el Cisma de Oriente, o con el Renacimiento, etc.?

RESPUESTA


A veces por ingenuidad o por optimismo somos llevados a imaginar a la Santa Iglesia de manera diferente a como su Fundador, Nuestro Señor Jesucristo, la instituyó: una torre inamovible sobre la roca de Pedro, pero sujeta a los vientos y tempestades.

Puesta la cuestión en estos términos, la descripción aún está incompleta, pues la metáfora de los vientos y tempestades hace pensar en agentes externos que embisten contra la Iglesia, produciendo estragos en sus murallas exteriores, pero sin conseguir moverla de sus fundamentos. Esto es verdad, pero también es verdad que Jesucristo permitió, por designios insondables, que dentro de la torre, los vientos provocasen igualmente devastaciones...

San Pablo

San Pablo

Pasando de las metáforas a los hechos, basta pensar, por ejemplo en la Iglesia primitiva, en la corriente de los judaizantes, que pretendía imponer a todos los paganos convertidos los usos y costumbres de la antigua ley mosaica. La fricción se manifestó en lances arduos, como fue la resistencia de San Pablo contra San Pedro, cuando este último, presionado por los judaizantes, tuvo la debilidad de contemporizar con las prácticas judaicas, contrariamente a lo resuelto en el Concilio de Jerusalén.

Por lo tanto, el problema de las crisis internas en la Iglesia es de todos los tiempos, y afecta hasta personalidades de las más eminentes, produciendo a veces entrechoques incluso entre santos, como en el caso de San Pedro y San Pablo, que acaba de ser citado. Nada de esto nos debe escandalizar, pero para ello es preciso tener la seriedad de espíritu para considerar que vivimos en un valle de lágrimas, en un campo de pruebas, donde toda especie de obstáculos inesperados se yerguen a nuestro frente, exigiendo que los enfrentemos para demostrar nuestra fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia.

Toda la Historia de la Iglesia está llena de esos lances y su narración llena volúmenes y volúmenes. Pasando por encima de las crisis mencionadas en la pregunta –el Cisma de Oriente, el Renacimiento–, abordemos directamente la actual crisis de la Iglesia.

Como fue explicado en la respuesta a la pregunta anterior, la actual crisis de la Iglesia está directamente relacionada con el proceso de secularización que, a partir de la decadencia de la Edad Media, afecta a toda la sociedad occidental, minando los fundamentos de la civilización cristiana y marginando a la Iglesia del centro de los acontecimientos humanos. A Ella, que es la Maestra de la humanidad, y en cierto sentido también su Madre, pues es por medio de Ella –y sólo de Ella– que Nuestro Señor Jesucristo establece Su Reino en la Tierra. “Reino de Verdad y de Vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz” (Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

Frente a ese proceso de secularización, dos especies de mentalidades se confrontan internamente en la Iglesia: la primera es la de los que quieren hacer una composición con el mundo, y preconizan que la Iglesia debe conformarse con la realidad de una sociedad pluralista, aceptando convivir lado a lado, sin privilegios especiales, con otras instituciones religiosas o laicas de cualquier concepción doctrinaria. En esta corriente, no pocos van más allá, y llegan hasta propugnar que la Iglesia abandone sus concepciones, que ellos consideran “obsoletas”, y adopte sin rodeos las posiciones dominantes en el mundo secularizado, como el divorcio, el uso de anticonceptivos, los experimentos con embriones humanos, el aborto, la eutanasia, la práctica homosexual, etc. Se trataría por lo tanto de una capitulación incondicional de la Iglesia frente a los errores del mundo moderno.

Fácilmente se ve que la otra familia de almas preconiza lo opuesto, esto es, una resistencia de la Iglesia a esos errores, y una fidelidad a ultranza a los principios recibidos de su Divino Fundador. Este entrechoque entre las dos familias de almas es pues total, inevitable, inconciliable.

Por la radicalidad de las posiciones asumidas, por la amplitud de los campos que abarca, por las consecuencias profundas de las tesis propugnadas –que no hicimos sino describir simplificadamente– no es exagerado afirmar que la actual crisis en la Iglesia es la más grave, entre las muy graves, que sufrió a lo largo de su historia, dos veces milenaria.

Pero sobre la Iglesia pende la promesa de su Divino Fundador: “Las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella” (Mt. 16, 18).


  

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