Las Cofradías, un fenómeno nuevo y antiguo en el Perú
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La Cofradía de San Sebastían, óleo de la colección del Corpus Christi, atribuido a Diego Quispe Tito (s. XVII), Museo de Arte del Cusco |
En la forma como hoy las conocemos, las cofradías más antiguas surgen en el siglo XI, en plena Edad Media, para promover el culto y la devoción a ciertos santos, y ya entonces son muy numerosas. Hacia el siglo XII, son considerables las dedicadas a honrar a la Santísima Virgen.
En los siglos XIV y XV surgen cofradías para honrar a Jesucristo principalmente en la consideración de su Pasión, y en el siglo XVI las del Santísimo Sacramento y las del culto a las Ánimas Benditas del Purgatorio.A partir del siglo XVIII nacen las dedicadas a honrar y venerar al Sagrado Corazón de Jesús.
La participación de los laicos en la vida de la Iglesia data de sus primerísimos días, como fruto directo de la prédica de Nuestro Señor Jesucristo y de los Apóstoles.
Pero es sólo con el tiempo que el concurso de los seglares en el apostolado fue adquiriendo características más peculiares, dando origen a las llamadas cofradías, hermandades, congregaciones marianas, escuelas de Cristo y otras. “Cofrade” viene del latín cum fratre (con el hermano). Con raras excepciones, “las cofradías son y han sido a lo largo de toda su historia las instituciones eclesiásticas más auténticamente laicales y de laicos” 1.
Una obra “rápida, fulminante, asombrosa”
En su interesantísima obra Perú Cristiano, el P. Enrique Fernández García S.J. reconoce que entre otros factores la cristianización del Perú se afirmó “mediante la incorporación del pueblo cristiano en agrupaciones de comprometidos voluntariamente en numerosas cofradías para ahondar personal y colectivamente en la fe recibida en el bautismo, los demás sacramentos y la vida de piedad. Estas cofradías se implantaban por todas partes y difundían la vida cristiana en círculos concéntricos por las comarcas respectivas” 2.
Resaltando que la implantación del Evangelio en el Perú y la incorporación de nuestra patria a la Iglesia Católica fue un proceso rápido, fulminante, asombroso, señala que tal proeza se logró, concretamente, “por el celo de las órdenes religiosas misioneras y el número y la calidad de tantos religiosos que evangelizaron, predicaron, catequizaron, asimilaron lenguas y costumbres indígenas para cristianizar el Perú sin perdonar viajes larguísimos, expediciones peligrosas, soledad y aislamiento en las doctrinas, abnegación apostólica perseverante con sacrificio personal hasta el heroísmo”. Pero también por la disposición de la masa indígena para aceptar la fe verdadera en el único Dios. “Esta adhesión popular de los indios al cristianismo –concluye el P. Fernández– tuvo su expresión en la apetencia del bautismo y de la confesión y en el florecimiento de tantas cofradías para comprometerse individual y colectivamente en la práctica de la fe cristiana” 3.
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La Archicofradía de la Vera Cruz, fundada por Francisco Pizarro, durante la procesión de Viernes Santo en Lima. | Las primeras cofradías limeñas
No es de extrañar, pues, que el auge de las cofradías que se vivía en la España del siglo XVI, como saludable efecto de la Contrarreforma, se extendiera rápidamente a nuestro país. En 1540, don Francisco Pizarro funda en Lima la Cofradía de la Vera Cruz de Caballeros, para venerar una reliquia insigne de la Santa Cruz, de la que el Papa Paulo III se desprendió a pedido del Rey Carlos V, con el fin de apaciguar los enconos fratricidas entre los conquistadores. A ésta le siguió muy probablemente la Cofradía del Santísimo Sacramento fundada por los dominicos en su convento de Lima, y en 1554 la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, inicialmente para los indios y extendida luego en 1562 y 1564 a españoles y negros.
Ésta era una característica muy particular de la época en que las cofradías reunían en muchos casos a personas de una misma condición u origen, aunque también las hubo mixtas. Se concentraban en la catedral, abundaban en los grandes templos de las órdenes religiosas y no faltaban en parroquias e iglesias.
También las hubo que congregaban a personas que se dedicaban a un mismo oficio, como la del Patriarca San José, integrada por carpinteros, o la de los santos Crispín y Crispiniano, que agrupaba a zapateros, ambas en la catedral limeña.
Gran auge alcanzaron igualmente las así llamadas cofradías de caridad, como la fundada por el primer Arzobispo de Lima, Fray Jerónimo de Loayza, para socorrer a pobres y enfermos, casar a doncellas huérfanas y dar sepultura a los ajusticiados.
Hubo además cofradías penitenciales, como la del Santo Cristo de Burgos, y otras consagradas a la difusión de la doctrina cristiana, como las del Santísimo Nombre de Jesús o del Niño Jesús, que los jesuitas promovieron particularmente en la región del Cusco.
Casi todas las cofradías contemplaban también una función social. Auxiliar viudas y huérfanos, socorrer presos, enterrar difuntos, dotar doncellas para el matrimonio o la vida religiosa, liberar esclavos, redimir cautivos, fueron algunos de sus fines benéfico-asistenciales.
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