Búsqueda
 
Buscar en www.fatima.org.pe
Último Lanzamiento
 
Todo sobre Fátima

Cronología

Apariciones del
Ángel de Portugal


Las Apariciones de la Santísima Virgen

El Secreto de Fátima

Devoción al Corazón Inmaculado de María

Fátima y
el Escapulario


La Imagen Peregrina Internacional

Los tres pastorcitos

Devocionario

Efemérides 2008

Sesquicentenario de las apariciones de la
Virgen en Lourdes


Centenario del Nacimiento de Plinio Corrêa de Oliveira

Alianza de Fátima

Una Alianza con
María


Mis Beneficios

¿Cómo participar?

La Virgen Peregrina en mi hogar

Nuestra pequeña historia

¿En qué consiste la visita?

Solicite la visita
a su hogar


Tesoros de la Fe


Número 83
Noviembre de 2008

Secciones
La Palabra del
Sacerdote
Lectura Espiritual
Página Mariana
Vidas de Santos
Especiales
S.O.S. Familia
¿Por qué llora
Nuestra Señora?

Números anteriores




2008 2007 2006
2005 2004 2003
2002

Almanaque Fátima



Noviembre 2008

Peregrinando


Informativo N° 14

Consultar números anteriores

Vidas de Santos Versión ImprimibleVersión Imprimible

Página: 1 de 2



San Cirilo de Jerusalén 

Perseguido por la herejía, defensor de la fe católica

Este insigne Doctor de la Iglesia brilla como un sol en un firmamento histórico convulsionado por herejías y pasiones políticas desencadenadas.

Plinio María Solimeo

Una de las épocas más conturbadas de la Iglesia fue sin duda el siglo IV, agitado por disputas teológicas y luchas de las más apasionadas y encarnizadas que ya hubo en la Historia de la Iglesia.

Obispos de los más santos y ortodoxos, como el gran San Atanasio, fueron exiliados de sus diócesis y perseguidos por el poder imperial, seducido por la herejía arriana 1, mientras que heresiarcas declarados se pavoneaban en sus lugares. Herejías menos conocidas, pero no menos perniciosas, corrompían y alborotaban a los fieles. En medio de ese caos eran necesarios, para gobernar la Iglesia de Dios, hombres no sólo de eximia ortodoxia sino de extrema prudencia y virtud, que sirviesen de lucero al pueblo fiel. Uno de ellos fue San Cirilo de Jerusalén, cuya fiesta conmemoramos el día 18 de Marzo.

Extraordinario predicador y catequista

Cirilo nació en Jerusalén o en sus alrededores, el año 315. Poco se conoce de su infancia y juventud, a no ser que se dedicó desde muy temprano al estudio de las Sagradas Escrituras y de escritores eclesiásticos, así como de la retórica, lo cual más adelante se reflejaría en su magisterio.

Ordenado sacerdote por San Máximo de Jerusalén, se dedicó de inmediato a la catequesis de los catecúmenos (neófitos que se preparaban para el bautismo). Muy versado, refutaba a los paganos con sus propias armas y hacía accesibles los más elevados misterios de nuestra fe a aquellos que se preparaban para recibir el bautismo.

Sus prédicas, realizadas en la puerta de la Basílica del Santo Sepulcro (pues los no bautizados no podían aún entrar en ella) eran tan apreciadas, que compiladores anónimos las fueron anotando. Tales notas formaron un precioso conjunto que fue publicado bajo el título de Catequesis, obra que le valió al autor el título de Doctor de la Iglesia.

Como estas prédicas tenían en vista la formación de los catecúmenos, Cirilo explica en ellas en primer lugar el Símbolo de los Apóstoles (el Credo); después los Sacramentos   que los neófitos deberían recibir en un mismo día, es decir, Bautismo, Confirmación y Eucaristía. En seguida discurre sobre la Santísima Trinidad, aprovechando toda ocasión para combatir errores y herejías contra la verdadera fe.

“El talento y la elocuencia que Cirilo empleaba en esa serie de instrucciones, lo designaron de manera natural a los sufragios del Clero y del pueblo cuando con la muerte de Máximo quedó vacante la Sede episcopal” de Jerusalén el año 350 2.

Poco después de su consagración episcopal, acaeció en la Ciudad Santa un gran milagro, narrado por el propio obispo al Emperador Constancio, visto por miles de personas y atestiguado incluso por historiadores paganos: “El día 7 de mayo de 351, a las nueve horas de la mañana, una inmensa cruz de luz apareció encima del Gólgota, extendiéndose hasta el Monte de los Olivos, distante cerca de tres cuartos de legua. Ella se mostró muy claramente no a una o dos personas, sino a toda la población de la ciudad ... permaneció visible a los ojos sobre la Tierra, y más brillante que el sol, del cual la luz sin ello la habría cubierto” 3. Con una mezcla de susto y alegría, el pueblo acudió a las iglesias, alabando al Señor por esta manifestación de su poder; y muchos paganos se convirtieron.

Comienza la persecución de los herejes arrianos

Iba a comenzar para el obispo de la Ciudad Santa una serie de persecuciones que se prolongarían prácticamente hasta su muerte.

Sobrevino en Jerusalén y sus contornos una gran hambruna. Miles de pobres morían de penuria al no tener qué comer. Para sanar esa trágica situación y socorrer a sus ovejas, Cirilo no tuvo otro recurso sino vender el mobiliario y parte de los bienes diocesanos. Esto fue interpretado por Acacio, metropolitano de Cesarea –un hereje arriano que buscaba un pretexto para apartarlo de Jerusalén– como apropiación indebida de los bienes eclesiásticos. Intimado por el arzobispo a presentarse ante un tribunal, Cirilo se negó. Acacio reunió entonces a una asamblea de obispos arrianos que depuso al Santo de su sede.

Restablecido en ella al año siguiente por el Concilio de Seleucia (359), los obispos arrianos, a fuerza de presiones, consiguieron nuevamente deponerlo en un Concilio en Constantinopla.

El año 361, muerto el Emperador Constancio, su sucesor Juliano (que quedaría después tristemente famoso con el terrible apelativo de el Apóstata), llamó de vuelta a todos los obispos exiliados, entre ellos San Cirilo.


   Página Siguiente (2/2) Página Siguiente

[ Volver Vidas de Santos ]


Dirección: Tomás Ramsey 957, Magdalena del Mar - Lima - Perú