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Número 85
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Yo, obispo exorcista

Mons. Andrea Gemma

Mons. Andrea Gemma: la acción diabólica
“es más nefasta de lo que se pueda pensar”

En un reciente libro, el obispo de Isernia-Venafro, en Italia, describe sus experiencias de exorcista y las sorprendentes conclusiones a que fue llevado durante una década de práctica del Exorcistado.

Santiago Fernández

En la mañana del 29 de junio de 1992, el nuevo obispo de Isernia-Venafro, Mons. Andrea Gemma, salía de la Basílica Vaticana, mirando pensativo hacia la Plaza de San Pedro. Las palabras de San Mateo, “las puertas del infierno no prevalecerán” (Mt. 16, 18), resonaban en su espíritu con un atractivo sobrenatural. Y le inspiraban graves consideraciones: 1) la acción del demonio no sólo no disminuyó, sino que se multiplicó; 2) el demonio es consciente de que dispone de poco tiempo; 3) Nuestro Señor Jesucristo dio a la Iglesia un enorme poder contra Satanás; 4) para no ser derrotado, el demonio hace de todo para actuar en silencio; 5) llegó el momento de desenmascarar la acción insidiosa de Lucifer y enfrentarlo con la frente erguida, con las armas que la Iglesia dispone (pp. 11-12) 1.

¿Por qué no se habla de la necesidad del exorcismo?

Volviendo a su diócesis, a 170 Km. de Roma, Mons. Gemma decidió poner en práctica el mandato divino “expulsad los demonios” (Mt. 16, 17). Porque, explica él, para el obispo, exorcizar “no es una elección,es una obligación” (p.21). Y cita al exorcista oficial de Roma, el padre Gabriele Amorth: “Un obispo que no establece por lo menos un exorcista en su diócesis no está exento de pecado mortal por grave omisión” (p. 24).

El resultado fue sorprendente. El poder del infierno se le reveló en todo su horror y en toda su extensión. “Cuántas veces –escribe él–, en mis coloquios cotidianos, frecuentemente difíciles, con los enfermos de todo tipo, esta verdad se colocaba delante de mí: «¿Por qué no nos hablaron antes de estas cosas?¿Por qué no nos alertaron con una adecuada instrucción? ¿Por qué no nos preservaron a nosotros, grey de Cristo, de la devastación de los lobos hambrientos?»” (p. 113).

“Si todos los obispos fuesen como usted, estaríamos completamente vencidos, e inmediatamente” (p. 12), le gritó un demonio por intermedio de una mujer posesa, añadiendo en otra ocasión: “[pero] ustedes son pocos” (p. 62).

Poder de la promesa de Nuestra Señora en Fátima

En 1992, el prelado publicó la pastoral Las puertas del infierno no prevalecerán. En ella, alertaba: “La acción infestante y oscura de Satanás [...] está, créanme, más difundida y es más nefasta de lo que se pueda pensar” (p. 15). En la pastoral, Mons. Gemma convocó a la diócesis a “una lucha sin cuartel, concertada y eficaz contra el mal y sus artes” (p. 16). El obispo promovió oraciones públicas que congregaban a multitudes venidas de muy lejos. El Maligno se exteriorizaba visiblemente, y aquellos que sufrían alguna acción diabólica eran llevados a la sacristía para ser objeto de exorcismos específicos.

El obispo no imaginaba que su pastoral daría la vuelta al mundo, siendo traducida a varios idiomas. Cartas, periódicos, personas de toda Italia y hasta del exterior, apelando a su socorro porque sentían alguna acción diabólica o estaban posesas, le mostraron que muchos fieles estaban esperando algo del género.

En los exorcismos, Mons. Gemma pudo constatar el enorme poder de Nuestra Señora y de la Iglesia sobre las potencias del abismo: “Si quiero ver al demonio realmente furioso, basta echarle agua bendita, pronunciando esta mi dulce certeza: «por fin, el Corazón materno de María triunfará». «¡¡¡Sí!!!», me responde, siempre rechinando los dientes. Pero algunas veces añade un desafío: «en este intermedio, a cuántos llevaremos con nosotros»...” (p. 63).

Mons. Gemma interrogó varias veces a los demonios poseedores:

– “Vosotros, que vejáis a vuestras víctimas, ¿sacáis algún provecho o alivio de ello?

– No, por el contrario, nosotros sufrimos un mayor agravamiento de nuestras penas.

– Y, entonces, ¿por qué lo hacéis?

– Por odio, por odio, por odio” (p.61).

Imagen del Arcángel San Miguel

Imagen del Arcángel San Miguel,
que lideró la lucha contra
Lucifer en el Cielo

La Iglesia en crisis no usa de sus armas

El obispo buscó inspiración en los textos del VaticanoII, y he aquí sus conclusiones: “Id y hojead todos los documentos del Concilio Vaticano II, [...] verificad si se habla, y cuántas veces, del demonio y de sus obras. ¿Sabíais que en aquellos dieciséis documentos, pensados y ponderados, no existe siquiera la palabra inferno, ni la palabra demonio? Increíble, pero verdadero, basta verificarlo...” (p. 88) 2.

Él se volcó sobre los textos litúrgicos antiguos y nuevos. Y quedó estupefacto: “Siempre lamenté que en la reforma de la Misa se haya sacado aquella oración a San Miguel [Exorcismo Breve], que León XIII, no sin inspiración de lo alto, quiso que fuese recitada al final de cada celebración. ¡Muchas veces el demonio, por la voz de los posesos, hizo saber que gustó muchísimo de esa abolición! [...] ¿Qué es lo que sugirió y sugiere evitarse lo más posible, en los textos litúrgicos, la mención a Satanás, a sus nefastas intervenciones, a las consecuencias de su acción destructiva? Quien pueda, que me responda. Y con argumentos válidos, por favor. [...] Hoy la obra asesina del demonio es más evidente que nunca [...]. Entonces, no solamente no era el caso de expurgar las fórmulas deprecatorias e imprecatorias, sino de multiplicarlas y reforzarlas. Sin embargo, lamentablemente no fue así” (p. 27).


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