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San Alberto Magno

Fulgor del Doctor Universal

En 1245, el Maestro General de la Orden envió a Alberto a París, donde estaba ubicado el Colegio Santiago, el más importante de los dominicos, incorporado a la Universidad de París, el más afamado centro de estudios de la Edad Media. Sus clases tuvieron un éxito estrepitoso, y en poco tiempo el aula era insuficiente para contener a la multitud que iba a oírlo. La plaza en París, donde entonces enseñaba, conserva su nombre hasta hoy aunque de modo desvirtuado: Place Maubert, de Maître Albert 5.

El fulgor de aquella luz fue tal, que de él se decía en la Edad Media: “Mundo luxisti, quia totum scibile scisti” (iluminaste al mundo, porque supiste todo lo que se puede saber); y “donde quiera que asiente su cátedra, parece monopolizar a todos los amantes de la verdad” 6. Fue llamado por sus contemporáneos Doctor Universal, por la amplitud de sus conocimientos.

“No contento con establecer las leyes de la investigación, Alberto se esforzó por recoger todos los frutos de la experiencia antigua, atesorados en Aristóteles, Avicena y Nicolás de Damasco, madurándolos y aumentándolos con su propia experiencia” 7.

En el capítulo provincial de la Orden, realizado el año 1254 en Worms, Fray Alberto fue electo provincial de la provincia alemana de los dominicos, que abarcaba también a Holanda, Flandes y Austria. Viajando siempre a pie y mendigando alimento y posada, visitó todos los conventos bajo su jurisdicción. Dos años más tarde, llamado por el Papa Alejandro IV, fue a Agnani, en Italia, donde refutó a Guillermo de Santo Amor, profesor de la Universidad de París, que predicaba contra las órdenes mendicantes.

En Colonia fundó el Convento del Paraíso, para las hijas de la nobleza. Mientras tanto, rezaba, estudiaba y enseñaba.

Obispo de Ratisbona y predicador de una cruzada

Sin embargo, por más que amase sus libros y la ciencia, tuvo que inclinarse por obediencia a aceptar el obispado de Ratisbona. Con la misma seriedad con que se dedicaba a los estudios, ejerció su dignidad episcopal, dedicándose por entero a los deberes de su cargo, visitando su diócesis, predicando, reformando, santificando.

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino: discípulo
que es gloria del maestro.

Pero eso fue sólo un paréntesis de dos años en su larga vida, pues a fuerza de insistir, obtuvo del Papa la dispensa del cargo y volvió a sus libros, sus aulas y las ciencias. Si el Papa le concedió esa dispensa, le dio sin embargo otra tarea bastante difícil: predicar la Cruzada en Alemania. Con el mismo celo, el Magno Alberto se dedicó a tal empresa y obtuvo gran éxito, llevando a un considerable número de señores a recibir en el pecho la Cruz y a partir hacia Palestina.

“En los diez años que siguieron, emprendió frecuentes viajes de Brenner a Amberes, de Colonia a Lyon, y, condescendiendo al deseo de los obispos o de sus hermanos, predicaba, consagraba altares e iglesias, confería órdenes sagradas y sembraba a su paso bendiciones, indulgencias y el suave perfume de sus virtudes” 8.

Defensa del discípulo amado

Estaba ya San Alberto avanzado en años cuando supo que, en París, algunos profesores seglares de la Universidad convencieron al rector a condenar algunas proposiciones de Tomás de Aquino, que se encontraba ausente. Sabiendo de ello su antiguo maestro, a pesar de los achaques de la edad y de la distancia, corrió de Colonia a París, a fin de defender a su discípulo predilecto. Y lo hizo con éxito.

San Alberto Magno puede ser considerado el primero que separó con precisión los campos de la filosofía y de la teología. La modernidad de San Alberto está “en su amor a la verdad, por sus ardientes aspiraciones de toda el alma, por su intuición profunda de la interdependencia de todos los órdenes del conocimiento, por su doctrina de la armonía preestablecida entre los descubrimientos de la razón y la fe, entre la ciencia y la revelación, entre la voluntad y la gracia, entre la Iglesia y el Estado. [...] Su mérito principal está en haber visto, antes que nadie, el enorme valor que la filosofía de Aristóteles podía tener en el dogma cristiano. Al apoderarse de él para levantar sobre sus principios fundamentales una construcción teológica, originaba una verdadera revolución en las escuelas de su tiempo. Santo Tomás perfeccionará su idea, pero él es el iniciador; él reúne los materiales y planea la construcción, que levantará el genio sintetizador del discípulo. Sin la formidable y fecunda labor de Alberto Magno, apenas podemos concebir la Suma Teológica” 9.

Cierto día, el más que octogenario Maestro Alberto estaba dando una de sus luminosas clases, cuando de repente su mente quedó en blanco. Él sabía que era la señal concedida por Nuestra Señora, de que toda su ciencia le fuera dada por Dios para el servicio del prójimo, y le sería quitada; y que sus días estaban contados.

En una especie de semi-lucidez, vivió los últimos tres años de su vida, viniendo a fallecer en Colonia el 15 de noviembre de 1280. Seis años antes, su discípulo amado, había recibido el premio demasiadamente grande que Dios destina a aquellos que fielmente lo sirven.

Notas.-

1. Albert the Great, by M. Albert Hughes O.P., Spirituality Today, Autumn 1987, vol. 39 supplement, online edition.
2. Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, d’après le Père Giry, Bloud et Barral, Libraires-Éditeurs, París, 1882, vol. XIII, p. 419.
3. Id., p. 420.
4. Id., p. 421.
5. Id., p. 422.
6. Fray Justo Pérez de Urbel O.S.B., Año Cristiano, Ediciones Fax, Madrid, 1945, vol. IV, p. 349.
7. Id. ib.
8. Edelvives, El Santo de Cada Día, Editorial Luis Vives S.A., Zaragoza, 1949, vol. VI, p. 157.
9. Fray Justo Pérez de Urbel, op. cit., p. 351.


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