Nuestra Señora del Milagro de Lima
Apogeo, decadencia, tribulaciones
En su Crónica de la Provincia de los Doce Apóstoles,Fray Diego de Córdova y Salinas relata que “con motivo del prodigio referido se fabricó una hermosa capilla, que se labró luego en el mismo lugar, cubierta de locería y artesones dorados y sus paredes revestidas de azulejos y valientes pinturas, quedando la devotísima imagen para eterna memoria en la parte y lugar antiguo, sobre el arco de la puerta, ricamente aderezada, coronada de lámparas, festejada de la devoción de los fieles, concurso de pueblo que la asiste, demostraciones de piedad y religión que los Príncipes, Virreyes, Audiencias Reales y Tribunales graves le prestan, para inclinar su patrocinio y la gracia y misericordia de su celestial Hijo”.
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Altar de la Virgen del Milagro. |
Siguieron años de auge y fervor en la devoción a la Virgen Purísima del Milagro; su fiesta se conmemoraba todos los años con gran magnificencia, al estilo deslumbrante de la época virreinal. Hasta los Romanos Pontífices se prodigaron en hacer patente su amor filial a María Santísima, concediendo gracias, indulgencias y privilegios, a sus cofrades y a su capilla; Benedicto XIV le dedicó una bula especial. Con los aportes de sus devotos se llegó a constituir un cuantioso fondo que permaneció durante décadas bajo la custodia del Tribunal del Consulado.
Dicho fondo se esfumó en las revueltas políticas de la emancipación; época aciaga que, entre otras cosas, se caracterizó por un lamentable enfriamiento religioso que volvió a opacar el esplendor de esta devoción mariana. A esta decadencia la Divina Providencia no fue indiferente: en efecto, el 13 de enero de 1835 una causa fortuita hizo que la hermosa capilla del Milagro fuera consumida por el fuego, del que se libró tan sólo la milagrosa imagen, que resultó intacta. De entre los escombros se logró rescatar algunas alhajas, no obstante, sin que se pudiera salvar el Santísimo Sacramento.
La ciudad se conmovió ante la destrucción del santuario. Gracias a la diligencia de Fray Francisco de Sales Arrieta, con no menos magnificencia se levantó nuevamente la capilla, terminando la obra durante su gestión como Arzobispo de Lima (1840-43).
Una esperanzadora promesa: “Yo te lo pagaré”
Más recientemente, al verificarse el cuarto centenario de la Provincia Franciscana del Perú se resolvió implorar a la Santa Sede su coronación canónica. El 19 de julio de 1953 la sagrada imagen fue trasladada a la Catedral, en cuyo atrio el Nuncio Apostólico y más tarde Cardenal Mons. Fernando Cento, como Delegado Papal ciñó sobre su frente la áurea corona, mientras la artillería desplegaba una salva de 21 cañonazos en su honor.
En la actualidad, Nuestra Señora del Milagro ha caído nuevamente en el olvido e indiferencia de muchos limeños y provincianos que habitan la inmensa urbe. Pero está, como en tiempos de Fray Juan Gómez, a la espera de un resurgimiento general de la fe y de la piedad mariana. En aquel entonces, esta Soberana Señora se dignó hablarle a una india que siempre le rezaba y le hacía cumplidas reverencias: “Tú sola –le dijo– hija mía, entre todos los de esta ciudad, me haces reverencia; yo te lo pagaré”. Si la Santísima Virgen premió con creces a esta piadosa india hace 400 años atrás, ¿qué premios no dará, aún en esta vida, a los que defiendan y propaguen hoy su devoción?
Obras consultadas.-
1. R. P. Rubén Vargas Ugarte S. J., Historia del Culto de María en Iberoamérica y de sus Imágenes y Santuarios más celebrados, 3ª edición, Madrid, 1956, Tomo II, p. 178-181. 2. Fray Manuel del Carpio y Salinas O. F. M., Nueve días a los pies de Nuestra Señora del Milagro, Lima, 1953.
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