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Número 85
Enero de 2009

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Informativo N° 14

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El Santo Rosario

Una poderosa arma de comprobada eficacia

La Divina Providencia nos ofrece un medio de salvación de los más poderosos y eficaces contra Satanás y sus secuaces, que buscan perder a las almas. El Santo Rosario atrae las mayores gracias de Dios, individuales y colectivas; asegura la salvación eterna, y anticipa la implantación en el mundo del Reino del Inmaculado Corazón de María.

Cuando Lucía, en la aparición del 13 de octubre de 1917 en Fátima, le preguntó a la Santísima Virgen qué deseaba, Ella respondió:

“Quiero decirte que hagan aquí una capilla en mi honor. Que soy la Virgen del Rosario. Y que continuéis rezando el rosario todos los días”.

Al final de esa aparición se dio el conocido milagro del sol, y se desarrollaron sucesivamente, ante los ojos de los videntes, tres cuadros simbolizando primero los misterios gozosos del Rosario, después los dolorosos y por fin los gloriosos. Aparecieron, al lado del sol, San José con el Niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario 1.

“Rezar el rosario todos los días”. ¿Qué mejor consejo que éste? ¿Qué criatura más elevada que la Virgen Santísima podría transmitirlo? Siendo la propia Madre de Dios –y también nuestra Madre– quien nos hace ese pedido, ¿cómo podremos rechazarlo? ¡Sería insensato! Atendiéndola, seremos atendidos y alcanzaremos todas las gracias que supliquemos con fe y confianza.

Fátima y la devoción al Santo Rosario

En varias otras apariciones la Santísima Virgen recomendó la devoción al Rosario, pero especialmente en Fátima insistió en esta práctica mariana como un medio para obtener la conversión del mundo. Presentándose como la Señora del Rosario, vino a alertar al mundo sobre los terribles castigos que ocurrirían si acaso no se operase una conversión general, es decir, si los hombres no dejasen de ofender a Dios con sus pecados y no hiciesen reparación por ellos.

Esto sucedió al iniciarse el siglo XX. En estos comienzos del siglo XXI, ¿quién se atrevería a afirmar que tales pedidos fueron atendidos? ¡Es obvio que no lo fueron! Basta mirar un poco a nuestro alrededor para ver que, en efecto, la decadencia moral se acentúa día a día; los Mandamientos de Dios son abandonados; los pecados aumentan en número y malicia; las ofensas a Nuestro Señor se vuelven aún más agresivas. Por la simple lectura de los periódicos constatamos la alarmante disolución de la familia, junto con el avance de las modas inmorales –cada vez más próximas al nudismo–, del aborto, la prostitución, las drogas, la homosexualidad, etc.

Es decir, la decadencia religiosa y moral se acentuó incomparablemente, en todos los campos y universalmente. Baste mencionar apenas un aspecto de ella, por cierto de los más dolorosos: la tremenda crisis que sacude a la Santa Iglesia Católica en los días presentes 2.

En previsión de todo esto, la Señora de Fátima nos pide oración y penitencia reparadora, insistiendo en la recitación diaria del rosario por la conversión de las almas y del mundo, y para la implantación del reinado de su Inmaculado Corazón, es decir, la restauración de la Civilización Cristiana con un vigor mucho mayor que en el pasado. Si los hombres atendiesen a tal pedido estarán anticipando ese Reino de María, aunque deba ser precedido por los grandes castigos también previstos en Fátima. ¡Para quien verdaderamente ama a Dios, se tratará de una punición regeneradora!

El hecho que sea la misma Virgen en persona quien exhortó en Fátima a Rezar el rosario todos los días, bastaría para que no nos olvidemos jamás de su pedido. Pero para estar aún más convencidos de la importancia de esta devoción mariana, y también ayudar a nuestros prójimos a comprenderla y practicarla, conozcamos algunas de las razones que más lo recomiendan.

¿Habrá una devoción más importante?

Quien nos responde tal pregunta es San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), gran apóstol de María Santísima, al escribir:

“La Santísima Virgen reveló un día al Beato Alano de la Rupe que, después del Santo Sacrificio de la Misa –primero y más vivo memorial de la Pasión de Jesucristo–, no hay oración más excelente ni meritoria que el Rosario, que es como un segundo memorial y representación de la vida y pasión de Jesucristo” 3.

Hay numerosos documentos pontificios exaltando la excelencia del Santísimo Rosario y recomendando con empeño esta devoción.


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