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Número 85
Enero de 2009

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Informativo N° 14

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Estirpes familiares I

Herencia espiritual y física

Pío XII, en un discurso a la Nobleza romana, habla de las fuerzas misteriosas de la herencia. Son de hecho tan misteriosas que hasta hoy los biólogos no consiguieron definir satisfactoriamente las reglas que presiden la herencia; pero ella es un hecho, y muy importante, constatado bajo mil aspectos diversos.

Cada hombre trae dentro de sí varias herencias. Somos la resultante biológica de un sinnúmero de corrientes de vida que en nosotros tuvieron su punto de encuentro. Así como en una laguna existen aguas de diversos ríos que desembocan en ella, así existen en nosotros esas herencias. Somos recipientes en que varias corrientes del pasado se funden.

La herencia física, en primer lugar, que se atestigua por la semejanza de los trazos, por la transmisión de la salud y de los defectos; de la belleza y de la fealdad; de la gracia o de la pesadez; de la elegancia o del desaliño; todas son herencias.

Estas cosas, si bien que muy relacionadas con la herencia física, lo están aún más con la mental.

Transmisión de caracteres

Dios crea las almas para los cuerpos, y cada una es creada con una adecuación para determinado cuerpo. Así, habiendo una herencia física, Dios la respeta, creando almas semejantes a los cuerpos que van a nacer. Y, si bien el alma no es transmitida de padres a hijos, sino infundida por Dios, hay una continuidad en su obra. Así, se puede atestiguar en una misma familia una serie de disposiciones de alma, puramente espirituales, pero también ligadas a este fenómeno de la herencia.

Tenemos entonces una realidad que en la familia atraviesa generaciones: la transmisión de un conjunto de predicados físicos y morales. Esa transmisión es el primer núcleo de aquello que se llama tradición. Tradere en latín significa entregar; es lo que se transmite, lo que se entrega. El primer dato de la tradición es la transmisión de caracteres físicos y morales”.

Nota.-

* Oeuvres complètes de Saint François de Sales, Béthume Éditeur, París, 1836, vol. II, p. 404.

La enseñanza de Pío XII sobre la transmisión
de los caracteres hereditarios

“Grande y misteriosa cosa que es la herencia, es decir, el paso a lo largo de una estirpe, perpetuándose de generación en generación, de un rico conjunto de bienes materiales y espirituales, la continuidad de un mismo tipo físico y moral que se conserva de padre a hijo, la tradición que a través de los siglos une a los miembros de una misma familia. Su verdadera naturaleza se puede desfigurar, sin duda, mediante teorías materialistas; pero también se puede y se debe considerar una realidad de tamaña importancia en la plenitud de su verdad humana y sobrenatural.

Ilustración del Árbol Genealógico
de Nuestro Señor Jesucristo

“No se negará, ciertamente, la existencia de un substrato material en la transmisión de los caracteres hereditarios; para sorprenderse de ello sería preciso olvidar la íntima unión de nuestra alma con nuestro cuerpo, y la elevada proporción en que dependen de nuestro temperamento físico aun nuestras propias actividades más espirituales. Por eso la moral cristiana no cesa de recordar a los padres las grandes responsabilidades que les corresponden en ese sentido.

“Pero lo que más cuenta es la herencia espiritual transmitida, no tanto por medio de los misteriosos lazos de la generación material sino más bien por la acción continua de ese ambiente privilegiado que la familia constituye; por la lenta y profunda formación de las almas en la atmósfera de un hogar rico en altas tradiciones intelectuales, morales y, sobre todo, cristianas; por la mutua influencia entre aquellos que habitan una misma casa, influencia cuyos beneficiosos efectos se proyectan hasta el final de una larga vida, mucho más allá de los años de la niñez y de la juventud, en aquellas almas elegidas que saben fundir en sí mismas los tesoros de una preciosa herencia con la contribución de sus propias cualidades y experiencias.

“Es éste el patrimonio, más valioso que ningún otro, que, iluminado por una Fe firme, vivificado por una fuerte y fiel práctica de la vida cristiana en todas sus exigencias, elevará, refinará y enriquecerá las almas de vuestros hijos”.

* Alocución al Patriciado y a la Nobleza romana, 5 de enero de 1941. Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santità Pio XII, Tipografía Políglota Vaticana, vol. II, p. 364. Apud Plinio Corrêa de Oliveira, Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana, Editorial Fernando III el Santo, Madrid, 1993, p. 72.

Estirpes familiares II


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