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Número 83
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La Familia: una sociedad natural anterior al Estado
Retrato de niños con pajarito y perro

Retrato de niños con pajarito y perro -Louis Krevek.


No es el Estado el que está en el origen de la familia, sino al contrario: la familia, semilla del cuerpo social, puede subsistir sin el Estado, pero éste no se mantiene sin aquella. “La base de las sociedades civiles –enseña el papa León XIII– es la familia, y en gran parte, en el hogar doméstico se prepara el porvenir de los Estados”
(Encíclica “Sapientia Christianae”, No 29).

Cuando la familia se desorganiza, sobreviene la inestabilidad de la sociedad y la falencia del Estado. Fue lo que ocurrió en el año 476 con la caída del Imperio Romano de Occidente. La disolución de la familia incentivó la decadencia moral y la depravación de las costumbres. Con la invasión de los bárbaros, como la de Atila en los siglos IV y V, ese Imperio, entonces corrupto y debilitado, se disgregó, estableciéndose una anarquía generalizada.

Después de cuatro siglos, en el ocaso del Imperio de Carlomagno, otra catástrofe se abatió sobre la humanidad: nuevas invasiones. Esta vez, hordas de normandos, húngaros y sarracenos obligaron a las poblaciones a huir para no ser masacradas.

El Imperio carolingio se desmanteló y fue alrededor de lo que restaba de institución familiar –la cual, en esa época, estaba bien constituida– que se organizaron naturalmente los Estados. Bajo el aliento de la Iglesia Católica se consolidó la Civilización Cristiana, la cual alcanzó un gran esplendor en la Edad Media. Es lo que describe el célebre escritor Frantz Funck-Brentano, miembro del Instituto de Francia, en su famosa obra L´Ancien Régime (El Antiguo Régimen). De ella extrajimos los trechos que vienen a continuación:

“En el transcurso de los siglos IX y X, la sucesión de las invasiones de los bárbaros, normandos, húngaros y sarracenos había sumergido el país en una anarquía en la que se habían hundido todas las instituciones. El campesino abandonaba sus campos arrasados, para huir de la violencia; el pueblo se cobijaba en lo más intrincado de las selvas o en landas inaccesibles, o se refugiaba en elevadas montañas. Los lazos que servían para unir a los habitantes del país se rompieron; las reglas consuetudinarias o legislativas se quebraron también; nada gobernaba ya a la sociedad.

Carlos, el Calvo

Ya en la época de Carlos, el Calvo (s.IX),
nieto de Carlomagno (miniatura de arriba),
el Imperio carolingio comenzó a disgregarse,
y la institución de la familia fue
substituyendo al Estado, convulsionado
por las múltiples invasiones.

La única fuerza intacta

“En esta anarquía es donde se realizaba el trabajo de la reconstrucción social, con la única fuerza organizadora que permaneciera intacta, y bajo el único refugio que nada puede derrumbar, pues tiene sus cimientos en el corazón humano: la familia.

“En medio de la tormenta la familia resiste, se fortalece y toma una mayor cohesión. Obligada a subvenir a sus necesidades, crea los órganos que le son necesarios para el trabajo mecánico y agrícola, y para la defensa a  mano armada. Ya no existe el Estado, la familia ha ocupado su lugar, la vida social se estrecha en torno al hogar; la vida común se limita por las fronteras de la casa y del finage [circunscripción territorial], o sea se encierra en la casa y su recinto.

Pequeña sociedad ésta, vecina de otras pequeñas sociedades semejantes constituidas sobre el mismo modelo, pero aislada de ellas a la vez.

La Familia: semilla de la Patria

“Al comienzo de nuestra historia, el jefe de la familia recuerda al paterfamilias antiguo. Manda al grupo que se forma en torno suyo y que lleva su nombre, organiza la defensa común, reparte el trabajo conforme a la capacidad y a las necesidades  de cada uno. Reina –esta palabra la encontramos en textos de la época– como amo absoluto. Se llama sire. A su mujer, la madre de familia, la llama dame, (domina) [señora].

“La familia vive en su residencia fortificada. El hombre padece, ama, trabaja y muere en el lugar donde ha nacido. El jefe de la familia es a ratos guerrero y a ratos agricultor. Como los héroes de Homero. Las tierras que cultiva se  concentran alrededor de su vivienda.

“La familia, bajo la dirección del jefe, es capaz de edificar su albergue, construir ganchos y arados. En el patio interior reluce el fuego de la fragua, donde se forjan las armas sobre el yunque sonoro. Las mujeres tejen y tiñen las telas.

Familia romana

Familia romana: Valentiniana, Honorio y Galla Placidia
(izquierda). San León Magno detiene a Atila (abajo).

“La familia llegó, pues, a ser para el hombre una patria y los textos de la época la designan con la palabra latina patria [la tierra del pater, del padre]. Se la ama con una ternura mucho mayor por tenerla ahí, viva y concreta, ante los ojos de cada cual. Inmediatamente hace sentir su poder y también su dulzura; amada y fuerte armadura, protección necesaria... Sin la familia, el hombre no podría subsistir. Así se han formado los sentimientos de solidaridad que unieron entre sí a los miembros de la familia, sentimientos que bajo el impulso de una tradición soberana, irán desenvolviéndose y concretándose” (Frantz Funck-Brentano, El Antiguo Régimen, Ediciones Destino, Barcelona, 1953, pp. 12-14).


  

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