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Número 85
Enero de 2009

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Informativo N° 14

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¿Cualquier persona está capacitada para entender las Sagradas Escrituras?

PREGUNTA

Soy una lectora asidua de la Biblia. Cada día leo los textos correspondientes, y hago lo posible también para llevarlos a la práctica. Apenas que, muchas veces, me falta una luz para comprender ciertas expresiones. Por eso mismo, le pido me aclare los siguientes puntos:

1) En Mateo 12, 40 dice así: “...porque así como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra”. ¿Cómo puede ser, si Jesús murió el viernes y resucitó el domingo, lo que hacen apenas dos días?

2) Aún en Mateo 13, 12: “al que tiene, se le dará, y estará sobrado; mas al que no tiene, le quitarán aún lo que tiene”. No entra en mi pobre cabeza qué se le puede sacar a quien no tiene nada. ¿Dónde queda el deber de practicar la caridad?

3) Y en el mismo capítulo, el versículo 15: “...por miedo que convirtiéndose, yo le dé la salud”. ¿No es que Dios quiere ardientemente nuestra conversión, nuestra salvación?

RESPUESTA

La lectura de la Biblia Sagrada es recomendada por la Iglesia, que incluso concede indulgencia plenaria una vez al día a quien lo haga al menos por media hora, no a título de búsqueda o de mero estudio, sino “con la debida veneración a la palabra divina y a modo de lectura espiritual”. Esto supone evidentemente la observancia de las demás condiciones requeridas para la indulgencia plenaria: el estado de gracia, el desapego de todo afecto al pecado incluso venial, la confesión sacramental –una única vale para varios días–, la comunión eucarística y una oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Para una lectura de menor tiempo, la indulgencia es parcial (cfr. Manuale delle Indulgenze, 1987, concesión nº 50).

Jonás

Jonás estuvo “tres días y tres noches” en el
vientre de una ballena: prefigura simbólica
de los tres días y tres noches durante los
cuales Jesucristo permaneció
muerto en el sepulcro

La lectura de la Biblia exige cautela

Sin embargo, como todo en la Iglesia, ello no debe ser hecho sin la debida preparación y las condiciones requeridas. Para leer las Sagradas Escrituras con provecho espiritual o hasta cultural, se supone la debida formación religiosa y valerse de la enseñanza de los que, en la carrera de teología, estudiaron la ciencia sagrada de la Exégesis, para interpretar los pasajes difíciles. Es lo que pretende hacer nuestra lectora, valiéndose de los conocimientos escriturísticos de un sacerdote que responde por esta sección. El cual, a su vez, no se fía exclusivamente de los conocimientos adquiridos en el tiempo de su preparación en el seminario o a lo largo de su carrera sacerdotal, sino que recurre siempre que sea necesario a los manuales de los estudiosos que escribieron tratados sobre el asunto, con la debida aprobación del Magisterio de la Iglesia.

Sin esas precauciones, la lectura de la Biblia Sagrada, en algunos casos, puede hacer hasta más mal que bien. Es lo que no comprenden los protestantes que, en la senda de Lutero, predican la lectura indiscriminada de la Biblia por cualquier fiel, en cualquier ocasión. Como si el Espíritu Santo estuviese obligado a iluminar a cada fiel individualmente para ayudarlo a interpretar sin errores hasta los pasajes más difíciles de la Escritura, cuando su única interpretación auténtica le cabe exclusivamente al Magisterio de la Iglesia.

La dificultad de entendimiento es natural y ocurría hasta entre los Apóstoles, acerca de lo que Nuestro Señor les enseñaba. Así, por ejemplo, cuando Jesús narró la parábola del sembrador, los Apóstoles no entendieron su significado y fueron a preguntarle al Divino Maestro lo que significaba. Nuestro Señor entonces les dio la explicación (cfr. Lc. 8, 5-15).

Por la doctrina católica, el Espíritu Santo asiste a la Iglesia –a la cual está confiada la Palabra divina– para que Ella no caiga en error en su interpretación. Sin duda, el Espíritu Santo también inspira a los fieles en la lectura de la Sagrada Escritura, desde que lo hagan con las debidas precauciones, de las cuales la más importante es justamente recurrir al Magisterio infalible de la Iglesia y dejarse guiar por él.

Dicho esto, intentemos resolver las dificultades presentadas por la lectora.


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