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Número 122
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La columna del peregrino
La columna del peregrino
La columna del peregrino
La columna del peregrino
La columna del peregrino
La columna del peregrino

por Nicolás Verástegui

Durante la permanencia de la Virgen Peregrina en el Valle Sagrado, a pedido de las religiosas del Lumen Dei, fue necesario hacer un repentino paréntesis y regresar al Cusco en medio de una apretada agenda, para concurrir al penal de mujeres de Quencoro.

En mi caso, se trataba de una experiencia totalmente diferente y nueva, pues era la primera vez que acudía a un penal acompañando a Nuestra Señora de Fátima.

La imagen fue recibida por el personal penitenciario y por 56 de las reclusas. Mujeres de las más diversas edades, algunas con niños en brazos, privadas de su libertad por los más diversos motivos. Quizás más que muchas otras personas, necesitadas de una palabra de aliento y esperanza.

Les explicamos brevemente en qué consiste el mensaje de Fátima y cuál es la importancia de rezar el santo rosario. Una reclusa con el rosario al cuello se me acercó y dijo conmovida: “Hace doce años que estoy interna aquí, cuando llegué rezaba el rosario todos los días, pero a medida que pasó el tiempo lo fui olvidando; ahora que ha venido la Virgen, le prometo hacerlo nuevamente”.

Rezaron con fervor, entonaron cánticos marianos y esparcieron pétalos de rosa por doquier. Al final, cada interna —incluso una que se había declarado protestante— tuvo la oportunidad de anotar sus pedidos particulares y luego, con verdadera confianza, depositarlos en la caja donde se guarda la corona de la Virgen.

Reconfortados con la visita, nos despedimos, con la certeza de que María Santísima, como buena Madre, sabrá atender oportunamente cada uno de los pedidos que le fue confiado.



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