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«Tesoros de la Fe» Nº 31 > Tema “Estirpes familiares”

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Estirpes familiares I

«Es de mucho valor ser fruto de buen árbol, metal de buena ley, río de buena fuente» (San Francisco de Sales).


En anteriores artículos para esta sección, vimos que la intromisión estatal en la institución familiar es perjudicial no sólo para la familia, sino para la sociedad y el mismo Estado. Mostramos también que la buena salud de los Estados depende de la buena constitución de la familia, y que ésta estuvo en el origen de las ciudades.

Pasaremos, ahora y en próximos artículos, a considerar cómo se forman las estirpes familiares y su papel en el establecimiento de las ciudades y Estados; que éstos tuvieron sus raíces en las familias más antiguas; y que las menos antiguas acataron de buen grado la influencia y gobierno de las primeras.

Sin embargo, la doctrina socialista vitupera tal disposición de cosas —una disposición orgánica, así como un hecho histórico— y lo hace por el principio igualitario que no admite la superioridad de unos sobre los otros. Por ello, odia el papel constructivo de las estirpes familiares en la organización social.

Estirpe: la fuente de una familia

¿Qué viene a ser una estirpe? Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, estirpe significa: Raíz y tronco de una familia o linaje.

Plinio Correa de Oliveira desarrolló el concepto de estirpe en diversas conferencias a lo largo de su prolongada y fecunda vida. De una de ellas, pronunciada el 1º de junio de 1966, extraemos algunos pasajes que consideramos de gran utilidad para los lectores de Tesoros de la Fe:

“Una estirpe es algo muy diferente de una familia. ¿Qué es una familia? Es la conjunción de padre, madre e hijos. Basta que existan padres legítimamente casados para que haya familia. Estirpe, sin embargo, es algo diferente. La lengua francesa, que es muy precisa, habla de “source”, o sea, fuente, origen. Ellos dicen tanto “source” de una familia cuanto “source” de un río.

¿Qué viene a ser la “source” de una familia? ¿Qué es un hombre-estirpe?

Aquel que funda una estirpe es un hombre con una personalidad bastante vigorosa para crear una familia que mantenga la herencia de sus principales trazos morales y físicos; es un hombre que da a los suyos una formación lo suficientemente fuerte para que el impulso inicial que le comunica a un determinado orden de cosas, continúe después de él; es un hombre que funda una escuela con un modo de sentir, de actuar, de ser, de vencer dificultades; que funda casi todo un pequeño sistema de vida.

Yo sostengo que es preciso tener mucha más personalidad para fundar una estirpe que para gobernar un Estado. Eso, cualquier político lo hace...

Armonía entre alma y cuerpo

Si conceptuáramos bien a la familia, sabremos qué fue lo que nació cuando decimos que surgieron las estirpes. Mas para ello será preciso entrar a fondo en el análisis de esa realidad que se llama hombre.

El hombre está dotado de alma y cuerpo. Y las realidades espirituales e invisibles pueden manifestarse a la vista de los hombres por medio de realidades materiales visibles.

Hay una forma de nexo misterioso entre el alma y el cuerpo, de tal manera que aquella tiene una especie de símbolo en éste. El cuerpo humano, por su color, trazos fisonómicos, timbre de voz, dinamismo, modo de moverse, es un reflejo del alma. Él deja trasparecer sus cualidades, y es ese todo armónico de alma y cuerpo que constituye la persona humana.

Así caracterizado, el hombre es susceptible de un mayor o menor desarrollo físico o moral. En el terreno físico, el fenómeno es suficientemente conocido. Si un recién nacido es colocado en un ambiente en que sus energías físicas son estimuladas, el niño puede llegar a alcanzar una gran corpulencia, al menos la que le permita su naturaleza; pero si es colocado en circunstancias desfavorables, languidecerá.

La formación de la estirpe

Lo mismo podernos decir del alma. En ella existe una serie de potencialidades que se desarrollarán si las condiciones fueren propicias. En caso contrario, difícilmente estas cualidades se afirmarán y triunfarán. Podemos, pues, considerar un afloramiento más o menos completo del alma humana, de acuerdo con las condiciones en que estuviera. Así como el cuerpo en determinadas circunstancias se realiza plenamente, así también el alma. Y es la plena realización del alma y del cuerpo, conjuntamente, que constituye la plena realización de la persona humana, que es alma y cuerpo.

Tomando esto en consideración, comprenderemos mejor lo que es una estirpe.

La familia es la institución de orden natural, fundada en un sacramento, incumbida de la perpetuación de la especie humana y de la educación de la prole. Es una institución que tiene, por lo tanto, como obligación el desarrollar y educar al máximo la personalidad humana. Ella cumplirá perfectamente su misión si hiciera que todas las cualidades del cuerpo y del alma, de aquellos que de ella nacieran, se expandan y se afirmen completamente. Ahora bien, para eso ella está dotada de cualidades que son extraordinarias.

Herencia espiritual y física

Pío XII, en un discurso a la Nobleza romana, habla de las fuerzas misteriosas de la herencia. Son de hecho tan misteriosas que hasta hoy los biólogos no consiguieron definir satisfactoriamente las reglas que presiden la herencia; pero ella es un hecho, y muy importante, constatado bajo mil aspectos diversos.

Cada hombre trae dentro de sí varias herencias. Somos la resultante biológica de un sinnúmero de corrientes de vida que en nosotros tuvieron su punto de encuentro. Así como en una laguna existen aguas de diversos ríos que desembocan en ella, así existen en nosotros esas herencias. Somos recipientes en que varias corrientes del pasado se funden.

La herencia física, en primer lugar, que se atestigua por la semejanza de los trazos, por la transmisión de la salud y de los defectos; de la belleza y de la fealdad; de la gracia o de la pesadez; de la elegancia o del desaliño; todas son herencias.

Estas cosas, si bien que muy relacionadas con la herencia física, lo están aún más con la mental.

Transmisión de caracteres

Dios crea las almas para los cuerpos, y cada una es creada con una adecuación para determinado cuerpo. Así, habiendo una herencia física, Dios la respeta, creando almas semejantes a los cuerpos que van a nacer. Y, si bien el alma no es transmitida de padres a hijos, sino infundida por Dios, hay una continuidad en su obra. Así, se puede atestiguar en una misma familia una serie de disposiciones de alma, puramente espirituales, pero también ligadas a este fenómeno de la herencia.

Tenemos entonces una realidad que en la familia atraviesa generaciones: la transmisión de un conjunto de predicados físicos y morales. Esa transmisión es el primer núcleo de aquello que se llama tradición. Tradere en latín significa entregar; es lo que se transmite, lo que se entrega. El primer dato de la tradición es la transmisión de caracteres físicos y morales”.     


Nota.-

* Oeuvres complètes de Saint François de Sales, Béthume Éditeur, París, 1836, vol. II, p. 404.



La enseñanza de Pío XII sobre la transmisión
de los caracteres hereditarios

“Grande y misteriosa cosa que es la herencia, es decir, el paso a lo largo de una estirpe, perpetuándose de generación en generación, de un rico conjunto de bienes materiales y espirituales, la continuidad de un mismo tipo físico y moral que se conserva de padre a hijo, la tradición que a través de los siglos une a los miembros de una misma familia. Su verdadera naturaleza se puede desfigurar, sin duda, mediante teorías materialistas; pero también se puede y se debe considerar una realidad de tamaña importancia en la plenitud de su verdad humana y sobrenatural.

Ilustración del Árbol Genealógico de Nuestro Señor Jesucristo

“No se negará, ciertamente, la existencia de un substrato material en la transmisión de los caracteres hereditarios; para sorprenderse de ello sería preciso olvidar la íntima unión de nuestra alma con nuestro cuerpo, y la elevada proporción en que dependen de nuestro temperamento físico aun nuestras propias actividades más espirituales. Por eso la moral cristiana no cesa de recordar a los padres las grandes responsabilidades que les corresponden en ese sentido.

“Pero lo que más cuenta es la herencia espiritual transmitida, no tanto por medio de los misteriosos lazos de la generación material sino más bien por la acción continua de ese ambiente privilegiado que la familia constituye; por la lenta y profunda formación de las almas en la atmósfera de un hogar rico en altas tradiciones intelectuales, morales y, sobre todo, cristianas; por la mutua influencia entre aquellos que habitan una misma casa, influencia cuyos beneficiosos efectos se proyectan hasta el final de una larga vida, mucho más allá de los años de la niñez y de la juventud, en aquellas almas elegidas que saben fundir en sí mismas los tesoros de una preciosa herencia con la contribución de sus propias cualidades y experiencias.

“Es éste el patrimonio, más valioso que ningún otro, que, iluminado por una Fe firme, vivificado por una fuerte y fiel práctica de la vida cristiana en todas sus exigencias, elevará, refinará y enriquecerá las almas de vuestros hijos”.


Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santità Pio XII, Tipografía Políglota Vaticana, vol. II, p. 364. Apud Plinio Corrêa de Oliveira, Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana, Editorial Fernando III el Santo, Madrid, 1993, p. 72.





  




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Nº 209 / Mayo de 2019

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